Una investigación trasnacional en Colombia, Argentina, Chile, Brasil y España busca identificar factores socioeconómicos, psicosociales, sociológicos y antropológicos. Más de 2.000 personas fueron encuestadas.
Diversos análisis se han conocido sobre los efectos del confinamiento en las ideas suicidas, debido a las cuarentenas que en varios países se decretaron en busca de reducir el contagio del covid-19. Pero el tema tiene varios matices, más allá del psicológico. ¿Acaso no inciden también factores socioeconómicos, sociológicos y antropológicos?
En busca de una visión amplia, investigadores de cinco países, con experticia en distintas áreas, conformaron la Red Iberoamericana de Suicidiología (Redisui). Su primer trabajo es el “Estudio transnacional de factores de riesgo y de protección para el suicidio en la pandemia covid-19”, que busca identificar los motivos que pueden causar deseos de quitarse la vida en Colombia, Argentina, Chile, Brasil y España.
“En esta pandemia la salud mental, a nivel general, quedó como la última rueda del coche, sin tenerse en cuenta que las afectaciones psicológicas no solo están dentro del sujeto –el nivel físico-biológico–, sino que también en la interacción social”, dice la investigadora líder de la Universitat Autónoma de Barcelona, Lorena Campo Aráuz, psicóloga clínica y antropóloga.
En el estudio participan además Marly Bahamón Muñetón, psicóloga, profesora e investigadora de la Universidad Simón Bolívar (Colombia); Silvana de Souza Nascimento, Ph.D. en Antropología, de la Universidad de Sao Paulo (Brasil); René Barraza López. Ph.D. en Psicología, de la Universidad Santo Tomás (Chile); Melissa Pardo, Ph.D. Psicología, de la Universidad de Flores (Argentina), y Virginia Fons, Ph.D. en Antropología Social y Cultural, de la Universitat Autónoma de Barcelona.
“Sumado a las barreras que se acentúan en el confinamiento, no solo se trata de factores clínicos, sino también la situación económica, la escasez, las emociones relacionadas con la incertidumbre de qué pasará con mi trabajo, mi negocio, si me contagio, o si un familiar o un ser querido tiene condición de riesgo”, comenta Bahamón.
El objetivo del estudio no es contar cuántos suicidios ha habido, sino cuántas personas han tenido ideaciones suicidas durante el confinamiento.
Vulnerabilidades y contextos
El estudio abordó preguntas sobre la percepción del covid-19 en el espacio psicológico y social, la desconfianza, las autoridades y el cumplimiento de sus deberes, el miedo al contagio, y el temor a perder el ingreso, ser contagiado o contagiar a otros. En total, más de 2.000 personas fueron encuestadas en los cinco países.
Las coautoras del trabajo explican que la pandemia nos puso a todos en diferentes grados de vulnerabilidad. Para algunos, los cambios y las restricciones pueden suponer violencia porque les restringe la posibilidad de trabajar o movilizarse a su gusto.
El objetivo no es contar cuántos suicidios ha habido, sino cuántas personas han tenido ideaciones suicidas durante el confinamiento. Esta es la razón de darle una mirada menos simplista al problema y tener en cuenta todos los factores de riesgo que provocan los entornos en los que surgen tales conductas.
“El contexto es amplio, la depresión es solo la punta del iceberg; durante el proceso de investigación se observó que muchas veces en el tema del suicidio se tiende a buscar una sola visión y se olvidan el resto de las situaciones”, recalca Bahamón.
El campo de acción de esta investigación son cinco países, de los cuales cuatro son latinoamericanos, con semejanzas en las maneras de abordar la realidad. En España, el entorno es distinto porque hay cimientos culturales diversos. Por ello es necesaria una mirada desde la antropología que complemente los criterios médicos y psicológicos.
“En Latinoamérica las autoridades nos advierten que debemos confinarnos porque de lo contrario hay cárcel; eso no sucede en España y Europa porque no es que sea mejor ni peor, simplemente se maneja otro tipo de percepción de la realidad y las diferentes en comportamiento son culturales”, agrega Campo.
“Habrá que estudiar la manera en que puede aumentar el aislamiento en la edad adulta, que implica estar lejos del otro, lo cual es un factor de riesgo elevado en las personas con conductas suicidas”.
Confinamiento, aislamiento y nuevas generaciones
¿Qué efectos tendrá la pandemia en los hábitos y las conductas de las nuevas generaciones? ¿Cómo incidirán en la adolescencia de niños y niñas que han tenido que aprender pautas para ponerse tapabocas, no acercarse a personas hasta determinada distancia y afrontar a temprana edad nociones de confinamiento y aislamiento?
No son preguntas menores. Aunque en este estudio no se incluyen, desde ya ofrecen discusiones que se trabajarán a futuro porque podrían constituir causas de ideas suicidas.
“Habrá que estudiar la manera en que puede aumentar el aislamiento en la edad adulta, que implica estar lejos del otro, lo cual es un factor de riesgo elevado en las personas con conductas suicidas”, comenta Campo. “Una cosa es el confinamiento, el no poder salir, y otra es el aislamiento, el no poder relacionarme con otros”.
Según las expertas, dentro de sus limitaciones por el confinamiento los adultos conservan la posibilidad de elegir. No sucede lo mismo con los niños, cuyo proceso de aprendizaje requiere compartir con otros.
“Los adultos ya tienen una personalidad construida, en cambio a los niños les marcará porque no escogen qué desean y no es lo mismo hacerlo por un mes, que seis meses o un año. Son seres que se están perdiendo etapas”, sostiene Bahamón.
PERFIL INVESTIGADOR

Marly Bahamón Muñetón
Profesora e investigadora de la Universidad Simón Bolívar.
Psicóloga. Ph.D. en Psicología.

Lorena Campo Aráuz
Grupo de Investigación en Genética (G=I=G)
Psicóloga Clínica y licenciada en Antropología. Ph.D. en Salud, Psicología y Psiquiatría. Ph.D. en Antropología Social y Cultural.

