Un análisis exploró cómo el clima extremo puede incrementar la vulnerabilidad de las personas a estos delitos. La muestra detectó patrones en Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, Valledupar, Bogotá, Medellín, Cali y Quibdó en el primer semestre de 2023.
Por Germán Corcho Tróchez
Las olas de calor y las actividades delictivas como la extorsión plantean la posibilidad de una doble amenaza para las poblaciones y la aparición de una enfermedad emergente vinculada al cambio climático. Esta fue la temática de un estudio basado en modelos estadísticos predictivos y programas de inteligencia artificial que ahondó en la vulnerabilidad emocional y el crimen en ciudades tórridas, y la relación entre las temperaturas altas y las extorsiones en Colombia.
“Las personas pueden estar en un estado de mayor vulnerabilidad debido a la tensión y el estrés causados por las condiciones climáticas extremas, esto puede hacer que sean más susceptibles a la coerción y al miedo inducidos por los extorsionadores y el clima”, sustenta Anderson Díaz Pérez, profesor del Departamento de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Simón Bolívar y doctor en Bioética y en Salud Pública.
Por definición, la extorsión es un cobro de dinero bajo amenazas que repercute en la economía de las ciudades y puede convertirse en un alimentador del conflicto. En Colombia también se denomina “vacuna” y se puede relacionar con otras actividades ilegales, los factores socioeconómicos y demográficos, las economías informales, las disputas de grupos criminales organizados, la percepción de seguridad, la aplicación de las leyes o la presencia intermitente de las Fuerzas Militares o de Policía en sectores con altos índices de inseguridad.
“Los estados emocionales influidos por el clima pueden afectar la toma de decisiones y el juicio racional, lo que potencialmente hace que las personas sean más susceptibles a amenazas e intimidación por parte de los extorsionistas”.
Patrones climáticos
En investigaciones previas se habían hallado relaciones similares. En 2021, profesores de las universidades de York y Leeds (Inglaterra) publicaron que los factores climáticos pueden ser predictores de violencia interpersonal en la ciudad de Barranquilla, al cruzar datos de Medicina Legal y el IDEAM con las tasas de homicidios. Al año siguiente, un estudio en las zonas urbanas de Hanoi, capital de Vietnam, expuso que el riesgo de delincuencia se incrementa el primer día de la ola de calor, pero que la criminalidad se estanca a temperaturas de 30 °C con probabilidad de que disminuya.
Para su estudio, Díaz aplicó un modelo predictivo que expresa la probabilidad de que ocurran uno o varios eventos en un determinado período por la influencia de variables externas: el cálculo de Poisson, cuya idoneidad se evaluó con el software Wizard 2® para predecir y explicar la variabilidad de las extorsiones. Para un mayor rigor, la plataforma de inteligencia artificial GPT-3.5 (Data Analyst) evaluó información de contexto e identificó patrones de los cambios de temperatura en las ciudades y la frecuencia de las “vacunas”.
La muestra incluyó datos del clima entre enero y junio del 2023 en Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, Valledupar, Bogotá, Medellín, Cali y Quibdó, con la plataforma Weather Spark. Así mismo, las cifras de la Fiscalía, la Policía, la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de Defensa sobre extorsiones.
Los resultados de la investigación publicados en la revista Interciencia exponen un patrón climático en aquellos municipios donde las temperaturas son más altas y, por ende, tiende a haber una mayor predicción de eventos de extorsión, como en Valledupar, Santa Marta, Cartagena, Quibdó y Barranquilla, donde las temperaturas son cálidas 24 °C y 33 °C, o muy calientes 35 °C, con sensación térmica superior a 40 °C.
Cifra destacada
21,2 extorsiones por cada 100.000 habitantes se registraron el año pasado en Colombia, según información del Ministerio de Defensa dada a conocer por el Observatorio de Seguridad del Consejo Gremial.
Miedo y vulnerabilidad
Díaz argumenta que las olas de calor generan un aumento del estrés emocional, la ansiedad e incluso sentimientos de indefensión que pueden afectar la toma de decisiones en grupos vulnerables. “El miedo y la angustia inducidos por el calor pueden crear una sensación de urgencia y resolver la situación implica cumplir con las demandas de extorsión para mitigar las ame¬nazas percibidas”, sostiene.
En el promedio de cobros extorsivos en enero y febrero de 2023, meses con temperaturas más frías, la tendencia en Medellín y Bogotá fue “relativamente baja” en comparación con municipios más cálidos.
El profesor recalca que su trabajo no pretende atribuir las extorsiones a las altas temperaturas, sino que las estrategias de seguridad contemplen al clima como un factor incidente. Además, plantea la aparición de una patología emergente vinculada al cambio climático, la disfunción cognitiva por estrés térmico (DCET), una enfermedad que sugiere que las altas temperaturas pueden perjudicar la capacidad cognitiva y emocional de las personas, incrementando su vulnerabilidad a la coerción y al crimen organizado.
“Agrega una dimensión empírica al debate sobre la influencia de las condiciones climáticas extremas en la criminalidad, respaldando la importancia de considerar factores ambientales al analizar patrones de delincuencia, brindando una base para futuras investigaciones y políticas de prevención”, agrega Díaz.
Las políticas de seguridad urbana a largo plazo, en especial en las regiones más vulnerables al cambio climático, deben ampliar su espectro y ya no centrarse únicamente en dinámicas socioeconómicas. El cambio climático así lo demanda.
PERFIL CIENTÍFICO

Anderson Díaz Pérez
Departamento de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Simón Bolívar.
Magíster en Ciencias Básicas Biomédicas, Ph. D. en Bioética y en Salud Pública.

