Ejercitar el cerebro y reducir la obesidad previene alteraciones de la memoria y otras afectaciones de este tipo, indica la investigación de un profesor del programa de Psicología de Unisimón, sede Cúcuta.
Por Germán Corcho Tróchez
El deterioro de la memoria y del rendimiento cognitivo no son solo cuestiones de edad o achaques de la vejez. Que una persona los padezca también se relaciona con trastornos metabólicos como la obesidad, la falta de ejercicio, la alimentación desbalanceada y la baja exposición a la luz solar.
Estas nuevas luces en el camino de disminuir los riesgos del deterioro cognitivo y padecer afectaciones como el Alzheimer, hacen parte de los resultados de una investigación realizada por el psicólogo Édgar Alexis Díaz Camargo, profesor del programa de Psicología de la Universidad Simón Bolívar – sede Cúcuta.
¿Por qué sucede? En la mayoría de los casos del síndrome metabólico está presente la obesidad y, a partir de su evolución, se incrementa la resistencia a la insulina.
“En la medida en que el tejido adiposo se expande en volumen, se vuelve disfuncional e inflamado”, explica Díaz. Lo que se conoce como neuroinflamación es un factor importante que contribuye al deterioro cognitivo. “Los sistemas neuroendocrinos, de igual forma, están involucrados en la alteración mediadora del hipocampo, áreas que son asociadas a la memoria”, agrega.
Episodios de olvido de una dirección, olvidar la finalidad de una acción y dónde se dejaron las llaves son alteraciones de la memoria denominados olvidos benignos, pero no deben pasarse por alto porque podrían ser los primeros signos de trastornos asociados con la demencia, definida como el deterioro de las capacidades cognitivas que tiene un individuo y que afecta el desarrollo normal de vida de quien la padece.
15,6%
Los casos presuntivos de demencias que se reportan en América Latina, en comparación con otras regiones del mundo, según estudios realizados en 2021.
“Antes se pensaba que si una persona no se encontraba en sus cabales podría tener una alteración de la memoria y un tipo de demencia, pero se ha evidenciado que enfermedades como el Alzheimer son una consecuencia de las afectaciones de la memoria que reducen las capacidades cognitivas y se asocian con mayor frecuencia a la obesidad”, explica Díaz, cuyo trabajo es su tesis ‘Desempeño neuropsicológico según las combinaciones diagnósticas del Síndrome Metabólico en adultos mayores’ para obtener el título de doctor en Psicología por Unisimón, sede Barranquilla.
Uno de los tipos de demencia más conocidos es el Alzheimer, un trastorno neurodegenerativo que puede ser heredado y tener alteraciones en el código genético. En un artículo publicado en 2007 en la Revista de Posgrado de la Vía Cátedra de Medicina, Romano, Nissen, Del Huerto y Parquet indicaron que el Alzheimer es una demencia progresiva que, entre sus síntomas más tempranos y pronunciados, incluye el déficit de memoria. “Por lo general, el paciente empeora progresivamente, mostrando problemas perceptivos, del lenguaje y emocionales a medida que la enfermedad va avanzando”.
Estudios realizados, como el de Soto-Añari y colaboradores en 2021, refieren que en América Latina han reportado un 15,6% de presuntos casos en demencias. “En Colombia, algunas estadísticas señalan que, de 1.000 personas, 13 padecen de demencia”, expuso Díaz, quien es magíster en Neuropsicología Clínica. “Actualmente hay pocos estudios epidemiológicos de Alzheimer en Norte de Santander”.
“Las alteraciones de la memoria denominados olvidos benignos no deben pasarse por alto, podrían ser los primeros signos de trastornos asociados con la demencia”.
Señales de alerta
Los primeros síntomas del Alzheimer suelen aparecer en personas mayores de 60 años y se expresan en dificultades para recordar el nombre de objetos, con quién se estuvo hablando por teléfono o identifica a familiares cercanos.
“En demencia, esos olvidos de memoria van acompañados de habilidades de la vida diaria, como perder la capacidad de hacer ciertas cosas que se hacía antes. Y eso también lo diferencia con deterioro cognitivo leve”, manifestó el psicólogo.
Las desorientaciones también son una forma de demencia. Hay tres tipos de desorientación: temporal, cuando la persona se prepara para alguna actividad propia de su trabajo, pese a que dejó de laborar, o confundir en qué año o mes se encuentra. La espacial, en la que un individuo se programa para ir a un sitio y termina en otro, sin recordar cómo llegó allí y a qué. Y la desorientación de la persona: olvidar quién es, cómo está y hacia dónde se moviliza.
En el caso de las personas mayores de 40 años, los síntomas de Alzheimer precoz llegan a presentarse de la misma manera que en los adultos mayores. Otros tipos de demencia en esta población más joven se observan con los cambios comportamentales, aunque la pérdida de memoria no se aprecia en esta primera etapa de diagnóstico.
Si bien no hay muchos estudios sobre la demencia en edades tempranas, algunos ya han analizado los cambios más relevantes como la desubicación y faltar a compromisos sin estar asociados a factores emocionales o de estrés. “En la actualidad se adelantan estudios en personas más jóvenes, teniendo en cuenta factores del síndrome metabólico y su desempeño cognitivo”, agregó Díaz.
La memoria no es general
La memoria tiene tres procesos: la manera como entra la información y se codifica, como se guarda como se evoca. Y aunque suele generalizarse, la memoria se divide en dos: la declarativa o episódica, que recuerda las cosas que se hacen día a día, como qué se desayunó, un compromiso adquirido previamente o los conocimientos recibidos en el colegio; y la procedimental o no declarativa, dedicada a aspectos prácticos, por ejemplo, a montar bicicleta.
Los casos de memoria declarativa o episódica son los más frecuentes en las consultas que se atienden. “Se pueden realizar actividades sencillas como leer un libro, comentar lo ocurrido en el día, resolver sudokus para minimizar su deterioro, teniendo en cuenta que sean del gusto del paciente, aunque es más efectivo tener claro cómo opera la memoria para desarrollar un completo proceso de atención antes de que se manifiesten los primeros síntomas”, sostuvo Díaz.
La lectura de libros puede ser más efectiva si se pasa por los tres procesos: tras leerlo, la persona lo comenta con otra, de manera que obliga a revisar qué información quedó, cómo la guardó y cómo la puede recordar y transmitir.
En la cotidianidad, un individuo atraviesa olvidos catalogados benignos cuando se desprenden de variables sociales como el estrés, que en un solo día obliga a la persona a realizar múltiples tareas corriendo el riesgo de pasar por alto alguna.
Pero con la pandemia de la covid-19, la ansiedad, la depresión y la neuroinflamación fueron otros factores que incidieron con mayor o menor valor en la memoria, debido a la novedad que implicó el cambio de hábitos o el deterioro cognitivo. No obstante, “las personas con demencia que se contagiaron de coronavirus tenían peor pronóstico”, advirtió el profesor de Unisimón.
“Es más efectivo tener claro cómo opera la memoria para desarrollar un completo proceso de atención, antes de que se manifiesten los primeros síntomas”.
PERFIL INVESTIGADOR

Édgar Alexis Díaz Camargo
Grupos de investigación: Sinapsis Educativa y Social, y Centro de Investigación Clínicas y Traslacional.
Psicólogo, magíster en Neuropsicología Clínica. Candidato a Ph.D. en Psicología.

