Historia de un enemigo invisible en la agenda mundial

Después de los brotes del SARS en 2003 y el MERS-CoV en 2012, poco se logró más allá de advertencias mal dimensionadas de esta familia de virus y su posible impacto en la sociedad.

Por Zilac Espitaleta Vergara, Abel Triana Castellón y Erika Viana Cárdenas

La aparición de una nueva enfermedad infecciosa supone siempre una situación compleja, especialmente si lo hace como una epidemia de extensión o gravedad significativas. Orthocoronavirinae es el nombre de la subfamilia de virus pertenecientes a la familia Coronaviridae que ha dado tanto de qué hablar en los últimos meses.

Si bien los coronavirus se conocen desde antes del siglo XIX como causantes de resfriado común, no fue sino hasta finales de febrero de 2002 que se reconocieron como los responsables del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS)1. Tomaron al mundo entero por sorpresa cuando se descubrió que causaron más de 700 muertes, con una tasa de mortalidad de 11% y al menos 8.422 personas afectadas en 30 países de 5 continentes2.

El agente viral causante del SARS es conocido como SARS-CoV-1, pertenece al subgrupo Betacoronavirus y fue desarrollado por un entrecruzamiento de murciélagos salvajes y humanos, a través del consumo y contacto con los hospederos del virus: los gatos civet de palma, en Guandong, China3-5. Esta epidemia se extendió a países vecinos como Taiwan, Singapur o Vietnam, para luego propagarse a otros como Canadá, Estados Unidos e Italia6.

SARS tenía un período de latencia particularmente corto y una velocidad de propagación de 2.3 a 3, calculada según el número reproductivo básico (R0). La latencia es el tiempo que pasa entre contraer una enfermedad y la aparición de sus síntomas. Por lo tanto, la infección pudo ser controlada con medidas de aislamiento en cerca de 8 meses, para luego extinguir su incidencia en poco más de un año.

Debido a su rápida difusión por el mundo y a la vez rápido control, no fue posible realizar ensayos clínicos para desarrollar medicamentos que pudiesen tratar la infección y cambiar su desenlace, que en la mayoría de los pacientes era muy positivo por sí solo7.

Advertencias mal dimensionadas

Casi una década después, en el 2012, una segunda cepa de virus con una codificación interna (cadena de proteínas ARN) similar a la anterior se identificó como el causante de neumonía atípica en cientos de pacientes, a través de toda la península arábiga8. El coronavirus del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV, por sus siglas en inglés), que pertenece a los Betacoronavirus, se aisló por primera vez en un paciente saudí con infección respiratoria severa.

El MERS-CoV causaba tos y fiebre al igual que su homónimo previamente descrito, pero rápidamente progresaba a insuficiencia respiratoria grave, falla renal y muerte en más del 35% de sus portadores9. Luego de causar estragos en Arabia Saudita, migró a países vecinos como Emiratos Árabes Unidos y Catar para llegar tan lejos como Italia y Reino Unido10.

La OMS reportó casi 2.500 casos confirmados con más de 850 muertes asociadas al MERS-Cov11. De nuevo, debido a su alta mortalidad y baja transmisibilidad (R0 = 0.29-0.80), la curva de nuevos casos confirmados mostró un valle luego de su pico máximo para disminuir rápidamente hasta desaparecer en cuestión de meses12.

2.500
casos confirmados de MERS-CoV, aproximadamente,
y más de 850 muertes asociadas a esta enfermedad, reportó la OMS.

Posteriormente, pudo determinarse que los huéspedes intermedios eran los camellos y los murciélagos que abundan en las zonas de contagio inicial y del paciente cero en el epicentro de la pandemia13.

Se notó además que el rápido crecimiento económico de zonas previamente precarias, como Medio Oriente o el sur de China, fueron llevando a un incremento por la demanda de proteína animal (carne) y, en algunos casos, exóticos como el civet. Esta característica, sumada al pobre control higiénico de los mercados de animales, le permitieron a los coronavirus migrar de huéspedes. Debido a su alta transmisibilidad entre humanos y las facilidades de vuelos internacionales en un mundo globalizado, se señaló a esta subfamilia de virus como una bomba de tiempo2.

Poco se logró más allá de advertencias mal dimensionadas a su posible impacto en la sociedad. No se optimizaron pruebas diagnósticas, no sé logró encontrar un receptor que sirviese como objetivo terapéutico.

Tampoco se identificaron candidatos de tratamiento, así como no se alcanzaron etapas clínicas de fabricaciones seriadas de vacunas en humanos. Los coronavirus desaparecieron rápidamente de las agendas científicas, políticas y económicas.

El comienzo de la pandemia

No fue sino hasta finales de 2019, cuando en la ciudad de Wuhan se observaron decenas de nuevos casos de neumonía atípica, que los coronavirus regresaron a ser un tema de vital importancia para la sociedad, otra vez causante de una pandemia que nos afecta a todos14.

El virus se ha propagado en más de 214 países. El 30 de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró esta epidemia como una Emergencia de Salud Pública de Interés Internacional15. Más adelante, el 11 de marzo, fue declarado como estado de pandemia por la OMS16.

El virus SARS-CoV2 ha sido identificado y secuenciado genéticamente como el responsable de la enfermedad. Está relacionado con otros coronavirus que circulan entre los murciélagos (incluyendo el SARS coronavirus), por lo que se considera que su reservorio natural más probable son estos mamíferos voladores. El huésped intermediario, probablemente otro mamífero, no ha sido identificado aún. El punto de contacto con los seres humanos pudo ser un mercado de animales vivos de Wuhan, hoy clausurado17.

Es posible que durante varias semanas este virus pasara desapercibido en una ciudad de 11 millones de habitantes y al inicio de la temporada estacional de cuadros respiratorios, hasta que se dio la alerta por el aumento de casos graves y se logró aislar e identificar el coronavirus COVID-19 en varios pacientes17.

El salto ocasional de un virus de un animal al hombre (zoonosis) es habitual entre los coronavirus, como podemos ver, al igual que el SARS en 2002-2003 y el MERS desde 2012. No obstante, con una transmisibilidad mayor, un alto porcentaje de pacientes portador asintomáticos que transmiten la enfermedad y un periodo de latencia más larga:

El SARS-Cov-2 es un virus con las características necesarias para la propagación tan grande que, hasta el momento, no sabemos cómo controlar.

Un valor de R0 inferior a 1 indica una escasa capacidad de extensión de una enfermedad infecciosa, mientras que valores de R0 superiores a 1 indican la necesidad de emplear medidas de control para limitar su extensión. En este caso, como las que se han aplicado: distanciamiento social, uso de tapabocas y lavado de manos, las principales.

Estimaciones fiables sitúan el valor R0 del COVID-19 entre aproximadamente 2.5 y 3.5, similar al R0 del SARS coronavirus al inicio de la epidemia (entre 2,2 y 3,7), valor que se redujo a un R0 de 0,67-1,23 al final de la misma. Por contraposición, el MERS coronavirus se ha mantenido siempre en valores de R0 más bajos (entre 0,29 y 0,80).

Por la salud de todos

Parece entonces que el COVID-19 podría ser más fácilmente transmisible que el SARS. El contacto prolongado es el de mayor riesgo, siendo menos probable el contagio a partir de contactos casuales. Lamentablemente es muy probable que la mayoría de los contagios se produzcan a partir de pacientes asintomáticos, lo cual hace difícil el seguimiento epidemiológico de casos sospechosos18.

La evidencia dice que la propagación, a través de casos no detectados por ser asintomáticos, ha causado el 79% de los casos documentados19. Esta es una de las razones por las que COVID-19 se extendió masivamente a nivel global.

Las medidas de aislamiento son las habitualmente recomendadas para este tipo de transmisión: distanciamiento entre pacientes, uso de habitación individual (si es posible con presión negativa), uso de batas impermeables, guantes, gafas protectoras y mascarillas quirúrgicas o tipo FFP2/N95 para el personal sanitario, salvo en situaciones de especial riesgo (consultar los protocolos actualizados)20.

El periodo de incubación se describe entre de 5 días (intervalo: 4-7 días) con un máximo de 12-13 días. Los síntomas más habituales son fiebre, tos, disnea y mialgias o fatiga. Alrededor de un 20% de los pacientes presentan complicaciones graves, siendo las más frecuentes la neumonía y el síndrome de distrés respiratorio del adulto (SDRA)21.

El 80% de los casos complicados son mayores de 60 años, hasta la fecha. Sin embargo, notamos que pacientes de diversos grupos etarios (edades) se han visto afectados por manifestaciones severas de la enfermedad. Pacientes diabéticos o hipertensos no controlados, inmunosuprimidos o trasplantados tendrían manifestaciones más graves de la enfermedad con evolución tórpida que desencadena en mayor tasa de mortalidad22.

80%
de los casos complicados son mayores de 60 años hasta la fecha,
pero notamos que a la fecha diversos grupos etarios (edades)
se han visto afectados por manifestaciones severas de la enfermedad.

Hasta el momento de esta publicación no hay tratamiento antiviral específico con evidencia robusta que demuestre una disminución de carga viral in vivo, disminuya su transmisibilidad y mejore desenlaces en pacientes con SARS-CoV2. Continúan estudios para probar la efectividad de tratamientos que podrían mejorar el desenlace en casos graves de la enfermedad para manejo intrahospitalario.

Mientras la comunidad científica se enfoca en el desarrollo de tratamientos efectivos y vacunas, en el mundo se realizan acciones dirigidas a contener y mitigar la propagación de virus en todos los sectores de la sociedad. Todos estos esfuerzos nos motivan a guardar la esperanza que podemos vencer esta pandemia.

Esta nueva pandemia que enfrentamos será una traumática experiencia que esperamos no se olvide, como ha sido el caso de otras epidemias en la historia. Este es el momento de hacer eco en la importancia de quedarnos en casa, cuidar a los nuestros y tener empatía con los demás. Entender que vivimos en un país que hace esfuerzos para que toda la población, con su modelo de salud y economía, logre cambiar esta historia. Todos podemos aportar con el auto-cuidado para salir vivos al final de esta guerra sin armas y tener ánimos y fortaleza para volver a empezar unidos.

PERFIL INVESTIGADORES

Zilac Espitaleta Vergara

Grupo de Nefrología

Médica nefróloga y pediatra. Especialista en Epidemiología. Doctoranda en Investigación y Docencia.

Abel Triana Castellón

Médico. Magíster en Ensayos Clínicos y Medicina Estratificada.

Erika Viana Cardenas

Médica. Magíster en Salud Pública.


Bibliografía


1. Vijayanand P, Wilkins E, Woodhead M. Severe acute respiratory syndrome (SARS): A review. Vol. 4, Clinical Medicine, Journal of the Royal College of Physicians of London. Royal College of Physicians; 2004. p. 152–60.

2. Cheng VCC, Lau SKP, Woo PCY, Kwok YY. Severe acute respiratory syndrome coronavirus as an agent of emerging and reemerging infection. Vol. 20, Clinical Microbiology Reviews. American Society for Microbiology (ASM); 2007. p. 660–94.

3. Marra MA, Jones SJM, Astell CR, Holt RA, Brooks-Wilson A, Butterfield YSN, et al. The genome sequence of the SARS-associated coronavirus. Science (80- ). 2003 May 30;300(5624):1399–404.

4. Ruan YJ, Wei CL, Ee LA, Vega VB, Thoreau H, Yun STS, et al. Comparative full-length genome sequence analysis of 14 SARS coronavirus isolates and common mutations associated with putative origins of infection. Lancet. 2003 May 24;361(9371):1779–85.

5. Fouchier RAM, Kuiken T, Schutten M, van Amerongen G, van Doornum GJJ, van den Hoogen BG, et al. Koch’s postulates fulfilled for SARS virus. Nature [Internet]. 2003 May 15 [cited 2020 Apr 24];423(6937):240–240. Available from: http://www.nature.com/articles/423240a

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12. Kucharski AJ, Althaus CL. The role of superspreading in Middle East respiratory syndrome coronavirus (MERS-CoV) transmission. EuroSurveill. 2015;20(25):21167.

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18. Arons MM, Hatfield KM, Reddy SC, Kimball A, James A, Jacobs JR, et al. Presymptomatic SARS-CoV-2 Infections and Transmission in a Skilled Nursing Facility. N Engl J Med [Internet]. 2020 Apr 24 [cited 2020 Apr 24];NEJMoa2008457. Available from: http://www.nejm.org/doi/10.1056/NEJMoa2008457

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