Hablemos de suicidio para mejorar la prevención en salud mental

En nuestra comunidad hay una creencia muy arraigada: hablar sobre el suicidio podría provocarlo; sin embargo, para la ciencia es lo contrario: es la clave para prevenirlo. Abordarlo, en lugar de incitarlo, reduce el riesgo.

Por Jorge Valverde Hernández

Cada cuarenta segundos alguien se suicida. La afirmación de Tedros Adhanom Ghebreyesusm, director general de la OMS, impresiona, pero es veraz. El suicidio es una realidad que enfrentamos en el mundo, siendo una de las tres principales causas de muerte en personas de entre 15 y 44 años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Estamos ante un problema de salud pública que requiere atención y Colombia no es la excepción. Todo lo contrario, los datos recientes son un llamado de atención urgente y el panorama es inquietante: la Procuraduría General de la Nación alertó un aumento del 15,73 % de los casos registrados entre enero y julio del año pasado, en comparación con ese período del 2022, de acuerdo con el reporte del Instituto Nacional de Medicina Legal, “pasando de 1.564 a 1.810 casos, a raíz de diferentes padecimientos mentales presentes entre la población colombiana. Los intentos de suicidio atendidos sumaron 30.021 casos, según cifras del Sistema Nacional de Vigilancia en Salud Pública”, informó la Procuraduría.

Las estadísticas del DANE agregan otra capa de preocupación: la mortalidad por suicidios alcanzó los niveles más altos entre la población joven (14 a 28 años), siendo hombres la mayoría de las víctimas, con una relación de cuatro a uno versus las mujeres.

En Barranquilla y el departamento del Atlántico nos enfrentamos a un escenario que no podemos ignorar. Entre 2020 y 2023, el 32 % de las 4.500 llamadas atendidas por la Línea de Salud Mental fueron por intentos de suicidio y la mitad fueron hechas por menores de 23 años. Este año, a corte de febrero, se habían recibido 180 llamadas.

Entonces, si es una realidad, ¿por qué nos cuesta hablar sobre el suicidio? Es un interrogante que merece más que un pensamiento fugaz, porque nos encontramos atrapados en un ciclo de silencio y frente a muchos mitos que deben ser eliminados, si en verdad queremos ayudar a quienes tienen ideas de atentar contra su vida, plantea Sergio Pérez Barrero en un artículo publicado en la Revista Colombiana de Psiquiatría.

En nuestra comunidad hay una creencia muy arraigada: hablar del suicidio podría provocarlo; sin embargo, para la ciencia es lo contrario: es la clave para prevenirlo. Abordarlo, en lugar de incitarlo, reduce el riesgo.

Es hora de desafiar la norma, romper el tabú y entablar conversaciones que salven vidas. Una herramienta vital es entender que el silencio no es la solución. “Para pedir ayuda se requiere una red de apoyo social y es lo que debemos garantizar mínimamente para cada joven; es una práctica que debemos promover”, explica Yolima Alarcón Vásquez, Ph. D. en Psicología y directora del pregrado en Psicología, coautora del primer manual para prevenir el riesgo suicida en adolescentes colombianos. “Si el joven pide ayuda y no prestamos la atención adecuada, podemos hacer que pierda la oportunidad de solucionar sus problemas”.

Noticias y estrategias preventivas
Es crucial comprender que la comunicación abierta y sin tabúes ayuda contra el suicidio. Muchas personas en riesgo no saben a quién recurrir; por eso, abrir la conversación puede proporcionarles alternativas.

Los medios de comunicación también pueden desempeñar un papel fundamental. Cuando transmiten información adecuada, se convierten en aliados esenciales en la prevención. En vez de incluir detalles o imágenes de las herramientas o métodos letales, lo pertinente es incluir mensajes sobre la prevención y promocionar las líneas de atención, como se explica en los 14 principios para periodistas para informar suicidios propuestos por la Asociación Americana de Suicidología.

En un estudio realizado en los Países Bajos, publicado en la revista Journal of Affective Disorders, un grupo de investigadores lideró una campaña mediática a escala nacional centrada en el suicidio. No solo difundió información sobre el tema y los recursos de ayuda disponibles, sino que también capacitó al personal de salud e identificó a aquellos en mayor riesgo de suicidio. Los resultados fueron impactantes: aquellos expuestos a la campaña o que recibieron capacitación mostraron una mayor disposición a buscar ayuda profesional. Además, sus creencias y estigmas asociados al suicidio se redujeron significativamente, marcando una diferencia en comparación con quienes no supieron de la estrategia.

La evidencia científica nos recuerda el poder transformador de la información y la educación en la prevención del suicidio. Al desterrar el tabú y ofrecer recursos accesibles, allanamos el camino hacia un futuro donde hablar abiertamente sobre la salud mental no sea solo aceptado, sino alentado. No es algo a lo que debamos temer, sino abordarlo con empatía, evidencia científica y conocimiento para que la salud mental sea una prioridad de todos.

“Nos encontramos atrapados en un ciclo de silencio y frente a muchos mitos que deben ser eliminados, si en verdad queremos ayudar a quienes tienen ideas de atentar contra su vida”. 

PERFIL CIENTÍFICO

Jorge Valverde Hernández

Biólogo, divulgador científico y cofundador de La Mecedora de Darwin. 

Grupo de Investigación en Biodiversidad del Caribe Colombiano

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