Los cambios en los patrones de lluvia generan acumulación de agua en lugares donde los mosquitos pueden reproducirse y los períodos de sequía, seguidos de lluvias intensas, favorecen explosiones de poblaciones de mosquitos. Hablamos de condiciones climáticas extremas, cada vez más frecuentes, que contribuyen a la inestabilidad en la transmisión del dengue y dificultan la planeación de estrategias de prevención.
El dengue es una enfermedad transmitida por mosquitos que afecta a millones de personas en el mundo. En Colombia se ha convertido en un problema persistente de salud pública, con brotes recurrentes y un patrón de expansión geográfica que alcanza zonas cada vez más altas y pobladas. Este fenómeno se explica en parte por las condiciones climáticas favorables para los vectores del virus: los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus.
El Ae. aegypti, principal vector del dengue, está presente en 753 municipios del país, incluyendo zonas ubicadas hasta los 2.300 metros sobre el nivel del mar. Este mosquito se ha adaptado a ambientes urbanos y periurbanos, donde encuentra depósitos de agua que sirven como criaderos. Su proliferación en estas áreas facilita la transmisión del dengue, especialmente en temporadas de lluvias, cuando se acumula agua en recipientes expuestos.
Por su parte, el Ae. albopictus, conocido como el mosquito tigre, es una especie invasora que ha expandido su presencia en varias regiones del mundo. Aunque en Colombia su distribución es más limitada que la del Ae. aegypti, su capacidad para sobrevivir en ambientes rurales, suburbanos y templados amplía el riesgo de transmisión del dengue y otros arbovirus como chikunguña y zika. Además, tiene hábitos agresivos de picadura y puede desplazarse mayores distancias, lo que representa un desafío para el control vectorial.
El cambio climático es un factor determinante en la expansión y persistencia del dengue en Colombia. Desde la década de 1950, la temperatura promedio en el país ha aumentado en 0,8 °C, y se proyecta que en 2050 el incremento podría llegar a ser de 1,5 a 2,5 °C. Un aumento de 1 °C eleva en 13 % el riesgo de infección por dengue, ya que acelera el desarrollo del mosquito y reduce el tiempo de incubación del virus dentro del vector. El incremento de la temperatura también extiende la temporada de transmisión y permite que los mosquitos colonicen zonas más altas que antes estaban libres de estos vectores.
El cambio climático también altera los patrones de lluvia, lo que genera acumulación de agua en lugares donde los mosquitos pueden reproducirse. Las variaciones en las precipitaciones pueden provocar períodos de sequía seguidos de lluvias intensas, escenarios que favorecen explosiones de poblaciones de mosquitos. Estas condiciones climáticas extremas, cada vez más frecuentes, contribuyen a la inestabilidad en la transmisión del dengue y dificultan la planeación de estrategias de prevención.
La relación entre Ae. aegypti y Ae. albopictus es relevante porque ambas especies comparten hábitats y pueden coexistir en algunas regiones. Estudios han mostrado que los virus específicos que infectan a estos mosquitos pueden influir en su capacidad para transmitir el dengue. Cuando Ae. aegypti está coinfectado con ciertos virus propios de insectos, su capacidad para transmitir el dengue aumenta, lo que podría explicar brotes más severos en ciertas áreas.
Comprender cómo interactúan el cambio climático, los mosquitos vectores y el virus del dengue es fundamental para orientar programas de control y campañas de sensibilización. Las estrategias deben incluir monitoreo entomológico, reducción de criaderos y fortalecimiento de la respuesta de los servicios de salud, con el fin de mitigar el impacto del dengue en Colombia.
Podríamos resumir el impacto del cambio climático en el dengue así:
- Expansión geográfica de vectores: aumento de temperaturas y cambios en las lluvias permiten a mosquitos colonizar nuevas áreas, incluyendo zonas más altas y templadas.
- Alteraciones en patrones de precipitación: afecta la disponibilidad de criaderos de mosquitos (agua estancada).
- Modificación de hábitats de primates y mosquitos: cambios en la cobertura forestal y uso del suelo pueden alterar el ciclo selvático.
- Fenómenos extremos (El Niño, huracanes): incrementan situaciones de emergencia humanitaria, con mayor riesgo de brotes epidémicos.
PERFIL CIENTÍFICO

Grupo Enfermedades Infecciosas y Tropicales.
Especialista en Epidemiología, fellow en Enfermedades Infecciosas y Ph. D. en Medicina Tropical.
