La crisis climática redefine el futuro de las ciudades costeras

El incremento del nivel del mar eleva el riesgo en las zonas bajas urbanizadas y los ecosistemas costeros, donde vive cerca del 27 % de la población de América Latina y el Caribe.

Por Germán Corcho Tróchez

El aumento del nivel del mar, la intensificación de tormentas, la erosión costera y los cambios en las corrientes marinas están redefiniendo la relación entre los asentamientos humanos y el océano. El riesgo en las zonas bajas urbanizadas y los ecosistemas costeros se ha elevado debido al incremento medio de las aguas, cercano a los 3,3 milímetros por año, según estableció el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

Durante el último año, frentes fríos en el Caribe colombiano generaron oleaje alto, inundaciones y pérdida de playa. En los departamentos de Córdoba y Sucre hubo afectaciones en viviendas cercanas al litoral, mientras que Barranquilla y Santa Marta reportaron daños en vías costeras, zonas turísticas y malecones.

El biólogo Hernando Sánchez Moreno, Ph. D. en Ciencias Naturales, señala que la región enfrenta una mayor exposición por su geografía y la presión de actividades humanas sobre ecosistemas de las ciudades costeras, las cuales concentran población, infraestructura y actividad económica.

“Es indispensable planificar y ejecutar investigaciones que sirvan de base para políticas públicas y procesos de adaptación”, asegura el investigador, quien subraya que cerca del 27 % de la población de América Latina y el Caribe vive en zonas costeras que, en su mayoría, se encuentran en riesgo.

La evidencia científica coincide en que el cambio climático está intensificando procesos y reduciendo los tiempos de respuesta de los sistemas naturales. La experiencia acumulada revela que la adaptación es una necesidad inmediata. Las respuestas se definen en el ámbito local, donde decisiones sobre ordenamiento territorial, manejo de zonas costeras, infraestructura y protección de ecosistemas inciden de forma directa en el nivel del peligro inminente. “El mayor riesgo es seguir actuando como si el clima no hubiera cambiado”, resume Sánchez.

“Es indispensable planificar y ejecutar investigaciones que sirvan de base para políticas públicas y procesos de adaptación”.

Hernando Sánchez Moreno, Ph. D. en Ciencias Naturales.

Santa Marta y Barranquilla: una costa en transformación

La construcción de espolones, muelles y rellenos para proteger infraestructuras y promover el turismo han modificado la dinámica sedimentaria de la bahía de Santa Marta, con efectos desiguales a lo largo del litoral.

Según el análisis “Impactos de las estructuras antropogénicas en la evolución a largo y corto plazo de la línea de costa de la bahía de Santa Marta”, los efectos de intervenir las playas sin una planificación integral, por tratarse de sistemas frágiles, se trasladan a otros tramos de la costa. “El aumento del nivel del mar y la mayor energía del oleaje incrementan la presión sobre estas zonas urbanas”, concluye Diego Villate Daza, suboficial de la Armada, uno de sus autores.

En otras investigaciones, Villate ha evidenciado que el aumento de la intensidad del oleaje y los cambios en las corrientes oceánicas, asociados al cambio climático, están elevando la energía que impacta las costas y alterando procesos claves como la erosión, el transporte y la acumulación de sedimentos. El resultado: menos capacidad natural de recuperación de playas y ecosistemas costeros.

Además, sus estudios en geografía costera muestran que la interacción entre obras humanas y el ascenso del nivel del mar produce cambios poco predecibles en la línea de costa: erosión más rápida, pérdida de sedimentos y mayor exposición de zonas urbanas a inundaciones recurrentes. “Los hallazgos plantean la necesidad de una planificación litoral que integre la dinámica natural del territorio con los escenarios de cambio climático, para evitar intervenciones que aumenten la vulnerabilidad costera”, agrega Villate.

La situación de Barranquilla es distinta por estar ubicada donde confluyen el mar Caribe, el río Magdalena y sistemas lagunares como la ciénaga de Mallorquín. Las proyecciones indican que sectores del delta del río podrían quedar bajo el agua en las próximas décadas, si no se implementan medidas sostenidas. “La posición geográfica de Barranquilla la convierte en un punto sensible a la subida del nivel del mar y a eventos extremos”, explica Sánchez.

“El aumento del nivel del mar y la mayor energía del oleaje incrementan la presión sobre estas zonas urbanas”.

Diego Villate Daza, suboficial de la Armada.

Cono Sur y Centroamérica

La experiencia en Argentina aporta otra perspectiva. Investigadores de la Universidad Nacional de Mar del Plata han planteado que las ciudades costeras se deben repensar desde una lógica de sostenibilidad a largo plazo que incluya planificación adaptativa y el uso de información científica como elementos centrales para enfrentar escenarios de emergencias. “Una ciudad costera del futuro debe garantizar bienestar y derechos, integrando urbanismo, medio ambiente e industria bajo un mismo marco”, recomiendan.

Más al norte, Centroamérica representa uno de los ejemplos más claros de asimetría climática: es de las que menos emite gases de efecto invernadero, pero está entre las más expuestas a huracanes, tormentas tropicales y variabilidad climática asociada a El Niño y La Niña.

Las ciudades costeras, muchas de ellas con crecimiento urbano acelerado y limitaciones en infraestructura, enfrentan riesgos crecientes de inundación y pérdida de territorio. Informes regionales advierten que la adaptación sigue siendo la dimensión más desatendida, pese a su carácter prioritario.

3,3 milímetros

El incremento medio del nivel del mar cada año en zonas bajas urbanizadas y los ecosistemas costeros, según el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático. 

Lecciones en Europa

Los procesos son distintos en escala. Los litorales del Atlántico y el Mediterráneo europeos han experimentado temporales más intensos e inundaciones.

El geólogo Giorgio Anfuso Melfi, Ph. D. en Ciencias del Mar y catedrático de la Universidad de Cádiz (España), señala que los temporales marinos, los ciclones postropicales, y la subida lenta y constante del nivel del mar están redefiniendo la morfología costera europea. Casos como el temporal Xynthia, que en 2010 inundó más de 50.000 hectáreas en la costa atlántica francesa, evidencian que incluso regiones con altos niveles de planificación no están exentas de riesgo.

La clave no está solo en construir defensas rígidas, sino en comprender la dinámica natural de las costas. “Las fluctuaciones del nivel del mar modifican la extensión de los medios costeros y afectan directamente las actividades humanas; ignorar estos procesos conduce a soluciones de corto alcance”, afirma Anfuso.

PERFIL CIENTÍFICO

Grupo Bio-Organizaciones. Categoría A1 de Minciencias.

Biólogo y Ph. D. en Ciencias Naturales.

Escuela Naval de Suboficiales ARC Barranquilla. 

Suboficial. Administrador marítimo y fluvial, especialista en Manejo Integrado de Zonas Costeras.

Universidad de Cádiz (España).

Licenciado en Ciencias Geológicas, Ph. D en Ciencias del Mar y catedrático e investigador.

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