En la plenitud de la Cuarta Revolución Industrial, una era caracterizada por la automatización de los procesos mediante la aplicación de las tecnologías digitales producidas por el ser humano, el acceso al conocimiento emerge como una necesidad social apremiante. Esta época de cambios y transiciones tiene a la covid-19 como un acelerador que ha transformado hasta la manera de interactuar con los demás.
La investigación científica y los desarrollos tecnológicos generan grandes beneficios para el mundo, proporcionándonos herramientas para el abordaje de los diversos retos globales, muestra de ello es que estamos ad portas de contar, en tiempo récord, con uno o quizás varios medios inmunizadores contra el virus causante de la actual pandemia. Pero, al mismo tiempo, estos avances, por la dificultad que representa su adquisición a las poblaciones con menor acceso al desarrollo, se convierten en elementos que profundizan las diferencias sociales y el aislamiento.
El conocimiento científico es imparable. Frecuentemente se da la producción de nuevos saberes en los diferentes campos de estudio, junto con descubrimientos, experiencias y análisis sobre todo tipo de temáticas. Ineludiblemente, por ser parte de su razón de ser, la ciencia debe estar ligada a las condiciones del medio donde se crea, que actúa como su motor impulsor. Democratizar el producto de la investigación científica es absolutamente imprescindible para trasladar sus frutos a quienes los requieren. Cuando el conocimiento queda limitado a pocas manos, por lo general, sus fines terminan siendo perversos.
Acertadamente, en los sistemas de innovación se habla de los modelos de cuádruple y quíntuple hélice donde, además de los actores sociales involucrados en las últimas décadas, como son la empresa, el Estado y la academia como centro natural de la investigación, deben sumarse la
sociedad y, como quinto elemento, el entorno y las condiciones para un desarrollo sostenible, en un trabajo cooperativo que produzca resultados eficaces; en especial, frente a la calidad de vida de las personas. Indudablemente, el crecimiento económico que se derive de estas alianzas no puede desligarse de las necesidades del bienestar colectivo.
La coherencia con lo anteriormente expuesto al tomar decisiones como la publicación de una revista de periodismo científico, implica priorizar entre los objetivos la democratización del conocimiento mediante su difusión masiva y el empleo de un lenguaje sencillo e inteligible, que facilite el acceso al contenido, al tiempo que promueva la comprensión y valoración del trabajo científico como una acción encaminada a cerrar brechas en favor de la equidad.
En ese sentido, la invitación es a disfrutar y aprovechar la segunda edición de Iraka, la revista de periodismo científico que, con especial dedicación, respeto e interés por nuestros lectores, elaboramos en la Universidad Simón Bolívar
PERFIL INVESTIGADOR

José Consuegra Bolívar
Rector de la Universidad Simón Bolívar.
Médico cirujano, magíster en procesos de Desarrollo Social y egresado del programa de Liderazgo Universitario de la Escuela de Educación de la Universidad de Harvard (E.UU).
