Experiencias dentro de la pandemia

Por Antonio Acosta Hoyos

La pandemia ocasionada por este nuevo coronavirus definitivamente nos dejará enseñanzas. Lo que hagamos con ellas dependerá exclusivamente de nosotros. Yo era estudiante de microbiología en el año 2002 cuando ocurrió el brote de SARS-CoV-1 en China y recuerdo perfectamente a mi profesora contándonos que había tenido que cancelar su viaje porque prohibieron la entrada a ese país. Un año después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que ya no había riesgo. No fue mucho lo que trascendió en este lado del mundo.

También recuerdo el brote de H1N1, este sí considerado Pandemia. En ese momento era estudiante de doctorado y mi investigación consistía en estudiar molecularmente los virus. Cuando aparecieron las noticias del SARS-CoV-2 a principios del año en curso, me invitaron a escribir una nota para un periódico y traté de no ser alarmista. Basé mi escrito en números y cifras que se tenían hasta la fecha, comparando mortalidad y severidad con otros virus importantes del siglo XX y XXI. Dije en ese momento que el virus llegaría a Colombia y que teníamos que estar preparados. Por supuesto, nadie está preparado para una pandemia como la que estamos sufriendo.

Una pandemia trágica reciente de la que nadie habla es la del VIH/SIDA. Ha matado a más de 35 millones de personas en el mundo desde su inicio en 1981. En los primeros seis años (1981-1987), en Estados Unidos hubo registros de 50.280 personas infectadas y se murieron 47.993, un 95,5% de mortalidad. Infectarse con el virus del VIH era una sentencia de muerte. Del VIH no se dice mucho hoy. Sigue existiendo un temor social.

A finales de marzo me preguntaron en la Universidad si quería liderar un grupo para apoyar a mi ciudad con el diagnóstico del covid-19. En Colombia, como en muchos países del mundo, no estábamos preparados para un problema de salud de tal envergadura. Con el apoyo del Distrito de Barranquilla arrancó la adecuación y la organización de la Unidad de Genética y Biología Molecular para poder diagnosticar este virus. Las primeras muestras las recibimos el 18 de abril y hasta el 30 de octubre llevábamos más de 14.000 procesadas.

Desde 2003 he estudiado virus. Antes de terminar mi pregrado hice una rotación en el Laboratorio de Walter Scott, en el departamento de Biología Molecular y Bioquímica de la escuela de Medicina de la Universidad de Miami, estudiando VIH precisamente y desde entonces he continuado.


“El grupo se comprometió con la ciudad y con el país, porque su vocación de servicio así se lo indicaba. El primer mes fue intenso: no descansamos, trabajamos todos los días hasta largas horas de la noche y pienso que ninguno de los integrantes se ha arrepentido”.


Quienes nos unimos a esta “aventura” sabíamos los riesgos, los sacrificios, pero no sabíamos lo que es hacerlo durante una pandemia. Sonará sacado de un meme de los que abundan en las redes sociales, pero nadie estaba preparado. En la radio escuché que “es como cuando tratas de romper la piñata con los ojos vendados, a veces le pegas, a veces no, e inclusive a veces le pegas, pero no la rompes”. Ha habido mucha improvisación por la simple razón de no saber a qué nos enfrentábamos.

El grupo se comprometió con la ciudad y con el país, porque su vocación de servicio así se lo indicaba. El primer mes fue intenso: no descansamos, trabajamos todos los días hasta largas horas de la noche y pienso que ninguno de los integrantes se ha arrepentido. Hemos seguimos adelante con la satisfacción de que, de acuerdo con nuestros controles, hemos hecho las cosas bien y hemos contribuido a sacar adelante a la ciudad.

Durante estos meses han sido varios los episodios que me han tocado el alma: un hijo se acercó a la puerta de la Universidad llorando en busca del resultado de la mamá, ella se había muerto y no le habían informado si era covid-19 positivo o no; por lo tanto, no le permitían llevarse el cuerpo de su madre. También hubo episodios curiosos: estuvo la llamada del gerente de una clínica quien me preguntó “con quién tenía que hablar para que le dieran los resultados de unas personas muy prestantes de Barranquilla”.

Estamos en pandemia, la gente no comprende lo que es. A mediados de septiembre se abrieron las playas y al inicio de octubre se aprobó la reapertura de bares. Para el caribeño el mar es parte de su ser. ¿Pero qué pasará? ¿Volverán los casos y los rebrotes?

Barranquilla pasó por una fuerte carga de contagios, más de lo que dicen los reportes. No había tanta prueba y no había tantos laboratorios efectuando pruebas. La gente también debía salir a trabajar; la informalidad en Colombia es también más alta que lo que dicen los reportes. Se notaba en las calles. La gente estaba afuera, lo que pudo contribuir a que muchos más se infectaran, creando una inmunidad de rebaño. Por supuesto no tengo evidencia de esto, hay que esperar los estudios de seroprevalencia.

Decidí escribir no como científico, no les quise hablar de la bioquímica o del comportamiento del virus. Quise expresar, más que todo, la vivencia durante la pandemia. Todavía no acaba y nosotros seguiremos al frente.

PERFIL INVESTIGADOR

Antonio Acosta Hoyos

Ph.D. y posdoctor en Bioquímica y Biología Molecular de la Unidad de Genética y Biología Molecular de Unisimón.

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