Una encuesta que abarcó un muestreo de 11.000 mujeres venezolanas se adentró en qué las motivó a abandonar su país y las causas para elegir los destinos en donde buscaron mejores condiciones laborales y de vida.
Por Germán Corcho Tróchez
Las mujeres venezolanas que han migrado a otros países son en su mayoría jóvenes, solteras y han terminado una carrera universitaria. El conocimiento de estas características comunes es el resultado del estudio “Feminización de la migración venezolana documentada en su punto de origen durante 2018 y 2019”.
Si bien la investigación se realizó antes de la pandemia, la realidad de muchas migrantes venezolanas no dista del contexto de hace tres o cuatro años, porque la inestabilidad política, social y económica persiste en su nación; pero, en especial, sirve para que en Suramérica visibilicemos cómo la mujer es un primer eslabón de las redes sociales que desarrollan la dinámica migratoria.
«El trabajo de campo lo realizamos en dos períodos de cuatro semanas, uno en cada año, aplicando un cuestionario a población migrante venezolana en la Oficina de Migración Colombia localizada en la población de La Parada (Norte de Santander), donde estas personas realizaron los procedimientos establecidos para el ingreso regular a Colombia”, dio a conocer la profesora Neida Albornoz Arias, líder del Centro de Investigación en Estudios de Frontera (CIEF) de la Universidad Simón Bolívar, sede Cúcuta.
En análisis académicos previos, autores como O’Neil, Hamilton y Papademetriou expusieron que en el último lustro después de 1995 la presencia de la mujer fue mayor en las migraciones que ocurrieron en el mundo: 175 millones para el año 2000, de las cuales veinte millones habían nacido en América Latina y el Caribe. De ese total, siete millones residían con estatus legal en Estados Unidos.
11.000 Las mujeres encuestadas para esta investigación, que tuvo en cuenta solo a mayores de 18 años, el perfil sociodemográfico, los motivos de la emigración, las redes migratorias y si viajaban solas o acompañadas.
A pesar de que las estadísticas señalan que en los últimos cuarenta años las mujeres han representado una mayor parte de las migraciones en países industrializados, las cifras se deben analizar con cuidado porque antes era difícil encontrarlas desglosadas por sexo.
“La mujer era migrante secundaria; migraba por matrimonio o reunificación familiar; es decir, difícilmente era considerado su derecho propio de migrante, y en donde su papel como migrante internacional tuvo relevancia, fue a partir de los años 80, cuando la escuela feminista lo comenzó a visibilizar”, agrega Albornoz, Ph. D. en Ciencias Sociales y Jurídicas.
Bajos ingresos y hambre
La encuesta abarcó una muestra de 11.000 mujeres, de quienes se tuvo en cuenta su perfil sociodemográfico, motivos de la emigración, redes migratorias, si viajaba sola o acompañada y solo incluyó a personas mayores de edad que abandonaban su país.
Los resultados evidenciaron que al menos el 50 % de las mujeres encuestadas tenían edades activas para desempeñarse en algún tipo de trabajo, entre 18 y 39 años. Más de la mitad eran solteras, en promedio cuatro de cada diez eran profesionales con títulos universitarios y la mayor proporción viajó acompañada por hijos, su pareja, otros familiares o amigos.
¿Qué las motivó a migrar? No fue la falta de trabajo en Venezuela, sino los ingresos que percibían, insuficientes para cubrir sus necesidades básicas. Eso explica que, antes de salir, más del 65 % de las encuestadas tuvieran trabajo y se vieran obligadas a buscar condiciones que mejorarán su calidad de vida.
“Con relación al nivel educativo de las migrantes venezolanas, coincidimos con Terrón-Caro y Monreal-Gimeno en que un factor que ha propiciado la participación de la mujer en la migración ha sido el crecimiento exponencial de la tasa de escolarización y profesionalización en los países de origen y la búsqueda de autonomía”, comentó la profesora investigadora Rina Mazuera Arias, Ph. D. en Derecho.
“Un factor que ha propiciado la participación de la mujer en la migración ha sido el crecimiento exponencial de la tasa de escolarización y profesionalización en los países de origen y la búsqueda de autonomía”.
Redes familiares e incertidumbre
El hambre, temas vinculados a la salud y la imposibilidad de adquirir medicinas también fueron motivos para migrar. Una migración económica y forzada. “El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha categorizado a esta población como venezolanas y venezolanos desplazados en el extranjero (VDE), con posibles necesidades de protección internacional contra retornos forzados y acceso a servicios básicos indistintamente de la edad y el nivel educativo”, añade Albornoz.
En 2018 y 2019, los países que más recibieron a estas mujeres fueron Colombia, Perú, Ecuador y Chile. ¿Qué conllevó a esas elecciones? Además de las legislaciones migratorias y la cercanía geográfica, “las redes familiares son importantes al momento de seleccionar el país de destino, porque permiten disminuir costos y riesgos”, complementa el profesor e investigador Miguel Morffe Peraza, magíster en Fronteras e Integración y analista de políticas públicas.
El análisis encontró, incluso, que de 2018 a 2019 hubo más migrantes venezolanas que refirieron la existencia de redes familiares: de 54 % pasaron a 73 %. “Quienes aún no cuentan con un trabajo, al llegar tienen el beneficio de tener un familiar que los esperaba y seguramente contaron con alojamiento hasta que consiguieron trabajo y pudieron cubrir sus propios gastos”, expone Albornoz.
Los investigadores enfatizaron en la falta de medidas internacionales contra la vulneración de los derechos de mujeres, niñas y adolescentes que aún no han emigrado de Venezuela, y de estrategias de acompañamiento o contención emocional para reducir el impacto emotivo de quienes sí salen de Venezuela, tanto para la mujer como actor vulnerable como para el grupo familiar que la acompaña.
“A estas incertidumbres propias de un cambio de costumbres, sociedad y presión social se suma el rol reproductivo, lo cual en muchas ocasiones las pone en desventaja social con menos posibilidades para acceder a empleos, educación y, por ende, menos ingresos, lo cual incide directamente en menos participación y, por lo tanto, en mayor vulnerabilidad social”.
“La mujer era migrante secundaria; migraba por matrimonio o reunificación familiar; es decir, difícilmente era considerado su derecho propio de migrante”.
PERFIL INVESTIGADORES

Neida Albornoz Arias
Grupo de investigación Altos Estudios de Frontera (ALEF)
Categoría A1 de Minciencias.
Ph. D. en Ciencias Sociales y Jurídicas. Líder del Centro de Investigación en Estudios de Frontera (CIEF).

Rina Mazuera Arias
Directora del Observatorio de Investigaciones Sociales en Frontera (Odisef), Venezuela.
Ph. D. en Derecho.

Miguel Morffe Peraza
Director y fundador de Gobernar Universidad Católica de Táchira, Venezuela.
Políticas Públicas, magíster en Fronteras e Integración.
Docente universitario, investigador, analista de políticas públicas.

