El hambre que deja la pandemia

Colombia es el único país sudamericano en el denominado grupo de “veinte puntos críticos”, identificados por factores como la violencia, el conflicto armado, las crisis internas y los fenómenos naturales extremos. 

Por Germán Corcho Tróchez

No son solo millones de fallecimientos, cientos de personas con secuelas posteriores al contagio y una crisis económica con pocos precedentes. El brote del covid-19 también disparó el hambre en el mundo, en particular en una veintena de países. Colombia es uno de esos.

“Es recomendable que el Gobierno pueda fortalecer los mecanismos orientados a garantizar el acceso a los alimentos, como la protección social y los subsidios de desempleo, en especial en las zonas de mayor vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria”, explica la nutricionista Carmen Carrero González, profesora de la Universidad Simón Bolívar, Ph. D. en Ciencias de la Salud.

A finales de 2021, unos 828 millones de personas pasaban hambre; es decir, un incremento de 46 millones respecto a un año antes, según un informe de cinco agencias de la ONU, que advierte que cada vez se hace más difícil alcanzar la meta de acabar con el hambre y la malnutrición para 2030.

Desde el inicio de la pandemia, en 2019, la cifra de personas que pasan hambre ha aumentado en 150 millones. A finales de 2021, unos 2.300 millones de personas (casi el 30 % de la población mundial) no tenía garantizada la alimentación; 350 millones más que antes de la llegada del covid-19.

El informe conjunto de la FAO, IFAD, el Programa Mundial de Alimentos (PMA), Unicef y la OMS aún no tiene en cuenta los efectos de la guerra de Ucrania. “El aumento de los precios mundiales de los alimentos, el combustible y los fertilizantes que estamos viendo como resultado de la crisis de Ucrania amenaza con empujar a países de todo el mundo hacia la hambruna. El resultado será desestabilización global, muertes por hambre y migraciones masivas en una escala sin precedentes. Tenemos que actuar hoy para evitar esta catástrofe”, dijo David Beasley, director del PMA.

Las agencias prevén que, incluso, si hay una recuperación económica, el objetivo de hambre cero para 2030 no se logrará, pues la seguirán sufriendo 670 millones de personas (el 8 % de la población mundial). Es una cifra similar a la de 2015, cuando se lanzaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


“Es recomendable que el Gobierno pueda fortalecer los mecanismos orientados a garantizar el acceso a los alimentos, como la protección social y los subsidios de desempleo”.


 

Los pronósticos apuntan a que la inseguridad alimentaria será más aguda en veinte naciones, a las que denominó puntos críticos de hambre, identificadas por factores como la violencia, el conflicto armado, crisis económicas internas, impactos secundarios de la pandemia, fenómenos naturales extremos, efectos del cambio climático, plagas y enfermedades animales y vegetales.

Colombia es el único país suramericano en esa lista porque, al publicar el informe, 7,3 millones de colombianos sufrían inseguridad alimentaria y necesitaban asistencia alimentaria urgente para 2022.

 

¿Cómo está Colombia?


Los elevados costos de alimentos no son proporcionales a las necesidades básicas de la mayoría de hogares colombianos. Esto se refleja en que las calorías provenientes de huevos, frutas y verduras —alimentos ricos en nutrientes— son hasta diez veces más caras que las calorías que producen el arroz, el maíz, el trigo o la yuca.

“Ante la disminución drástica de los ingresos, los hogares vulnerables abandonarán rápidamente los alimentos ricos en nutrientes para preservar su ingesta calórica”, explica Diana Rodríguez Villa, profesora investigadora de Unisimón.

Según los reportes del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la inflación en los estratos socioeconómicos vulnerables llegó a estar 2 % por encima del promedio nacional y los precios variaron en un 11,07 %, a diferencia de las clases media (9,43 %) y alta (7,46 %).

El país tampoco escapa a la guerra: sus consecuencias económicas perturban las cadenas de suministro internacionales, la energía y los alimentos terapéuticos destinados al tratamiento de la malnutrición grave infantil. ¿La razón? Rusia y Ucrania son los mayores productores mundiales de cereales básicos, semillas oleaginosas y fertilizantes. Otro agravante, si se tiene en cuenta que el cambio climático y los fenómenos naturales extremos también repercuten en países de bajos ingresos.

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de cada tres niños carecen de la dieta diversa mínima que necesitan para crecer y desarrollarse plenamente, según el informe de la FAO y el PM.

“Ante la alta dependencia que tiene el campo colombiano de los fertilizantes y las materias primas para el concentrado de alimentos, la presión sobre esos costos de producción de alimentos representa un reto tanto para los productores como para quienes quieren tener sus productos en su mesa”, advirtió el DANE.

 

Lo que recomiendan

En línea con la FAO, Carrero y Rodríguez recomendaron estrategias que mejoraren la distribución y cadena de suministro de productos agropecuarios.

“Es importante brindar atención médica veterinaria de emergencia y entrega de alimento para animales, para recuperar el ganado sobreviviente y evitar mayores pérdidas y daños a los activos productivos ganaderos del país”, comentaron.

Otras sugerencias son evitar la pérdida de cosechas por problemas logísticos y de transporte, mitigar el impacto de la pandemia en los ingresos de los habitantes del sector rural, dedicados en su mayoría al agro y en riesgo de sufrir inseguridad alimentaria; suministrar insumos agrícolas esenciales para la supervivencia de animales y la producción de cultivos, y transferir recursos a programas de apoyo económico a comunidades vulnerables en áreas rurales y urbanas.

“También recalcamos que se debe continuar con la recolección de datos y las mediciones sobre la situación de la seguridad alimentaria en el país, para saber cuándo y cómo ajustar las respuestas políticas, si es necesario”.


“Es importante brindar atención médica veterinaria de emergencia y entrega de alimento para animales, para recuperar el ganado sobreviviente y evitar mayores pérdidas y daños”.


 

BRECHA DE GÉNERO

El informe de la FAO y el PMA halló que la inseguridad alimentaria mundial tuvo mayores proporciones para las mujeres: el 31,9 % la padecía, en comparación con el 27,6 % de los hombres. Una brecha de más de cuatro puntos porcentuales, frente a los tres del 2020. “Casi 3.100 millones de personas no pudieron permitirse mantener una dieta saludable; es decir, 112 millones más que en 2019, lo cual refleja los efectos de la inflación de los precios de los alimentos al consumidor, derivada de las repercusiones económicas de la pandemia del covid-19 y las medidas adoptadas para contenerla”, detalló el estudio.

HAMBRE POSTPANDEMIA

PERFIL INVESTIGADOR

Carmen Carrero González

Grupos: Cuidado de Enfermería y de Investigación en Nefrología
Categorías A y A1 de Minciencias.

Nutricionista. Ph. D. en Ciencias de la Salud.

Diana Rodríguez Villa

Grupo: Cuidado de Enfermería
Categoría A de Minciencias.

Enfermera especialista en Salud Materno Perinatal y magíster en Salud Pública.

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