El siglo pasado ha sido testigo de una sucesión de alarmas pandémicas que recuerdan los límites de nuestro conocimiento científico, el papel del comportamiento humano y las tecnologías en la aparición y propagación de enfermedades infecciosas. Con la modernidad se ha aumentado el riesgo de pandemias, pero también el riesgo del bioterrorismo.
Por Anderson Díaz Pérez
El brote de la enfermedad por covid-19 despertó una alerta global que también implicó el aumento del pánico social. La internet ha tenido un papel importante en la forma como desde el inicio se ha informado por los medios oficiales y no oficiales lo que se sabe de la infección.
El papel de las redes sociales, en el sentido más positivo, ha permitido avanzar en el campo de la infodemiología para conocer los patrones de la enfermedad, como la prevención por medio de la infovigilancia. Sin embargo, en el sentido negativo han presentado una situación crítica por la proliferación de noticias falsas (fake news), por lo cual los expertos le han considerado como la primera infodemia que afecta la salud mental de personas, como también lo exponen otros estudios como el de Ahmad & Murad (2020).
Los problemas por la falta de filtro, control y vigilancia de las redes soci ales ha llevado a algunos estados a proponer políticas públicas que consideren las fake news como ciberataques, por causar detrimento de sus intereses y la integridad y dignidad de la población más vulnerable, sobre todo en los países en vía de desarrollo.
No es secreto que las redes sociales son herramientas utilizadas para intentar manipular elecciones, aumentar el pánico social y elevar el consumo excesivo de productos y servicios, incrementar la percepción de inseguridad y la probabilidad de conflictos internos en los países, o que se agranden las grietas sociales, económicas y educativas.
Lo que nos ha dejado claro la pandemia y el desempeño del internet es que nuestros actos están sujetos a la cuantificación pública, como lo expone el doctor Santiago Blinkis.
Es claro que muchas reacciones sociales han sido dirigidas, programadas y controladas por expertos que manejan la información con un propósito poco o nada loable.
El bioshock
Los ataques continuos y sistemáticos tienen como principal objeto provocar en poblaciones específicas un bioshock, que es el impacto a todas las dimensiones humanas, teniendo presente la edad, el género, la educación, la economía colectiva y que cada una tienen reacciones diferenciales, de acuerdo con las leyes de la neurociencia, el neuromarketing y la psicología colectiva.
Países como Argentina tienen leyes, como el Artículo 211 del código penal, para sancionar noticias falsas. Su mayor impacto ha estado en YouTube, al igual que en Perú, donde se establecieron sentencias de prisión para quienes creen o difundan información falsa. Colombia, México y Chile no cuentan con legislación específica y en muchos casos no reportan sanciones. No obstante, ya están planteados proyectos de ley que se encuentran en proceso de aprobación (Infodemic, s. f.)
El siglo pasado ha sido testigo de una sucesión de alarmas pandémicas que recuerdan los límites de nuestro conocimiento científico, el papel del comportamiento humano y las tecnologías en la aparición y propagación de enfermedades infecciosas.
Todos estos datos indican que las pandemias futuras son inevitables. Es decir, con la modernidad se ha aumentado el riesgo de pandemias, pero también el riesgo del bioterrorismo.
La modernización, las redes sociales, entre otros medios de comunicación masiva, convierten al bioterrorismo y los ciberataques en una herramienta práctica y atractiva para los terroristas que buscan la anarquía o cualquier otro propósito inmediato, lo cual crea una realidad compleja e interdependiente haciendo a la sociedad más vulnerable a ataques como lo exponen también. En definitiva, el uso de las redes sociales está ligado al caos que vivimos durante la pandemia.
Las formas como los estados han enfrentado estas dificultades globales por las fake news, incluso más que la misma pandemia por covid-19, han generado un conjunto de problemas no solo biopsicosociales y económicos. También en la salud con los profesionales del sector como los primeros en brindar respuesta: desabastecimiento de elementos de protección personal, falta de equipos e infraestructura, falta de un salario digno y mayor vulnerabilidad al riesgo.
Estrategias y más recursos
La actual situación nos ha permitido crear conciencia del alto grado de fragilidad frente a riesgos ambientales y amenazas hibridas que atentan contra la seguridad, tanto en el ámbito individual como colectivo. Con la pandemia, países de Sudamérica como Colombia han podido saber qué tan preparados están ante un ataque biológico o un ciberataque.
La falta madurez ha llevado a que varias naciones diseñen estrategias en ciberdefensa por la vulnerabilidad frente a los ataques y las reacciones colectivas, que tienen una correlación con la incapacidad de las poblaciones en reconocer noticias falsas, y la confianza y validez que dan a las redes sociales como el medio más próximo para estar informado en tiempo real.
Se requiere de un liderazgo regional de alto nivel frente a actuales y futuros ataques biológicos, ya sean ambientales o humanos. Los científicos y los políticos han tenido un papel primordial en el control y manejo de la pandemia. Los científicos necesitan la infraestructura adecuada y la agilidad en los procesos de financiamiento para investigar e innovar. Y los políticos deben proponer programas ajustados a la realidad y al interés colectivo, bajo la asesoría de los científicos.
Es imperativo que se aumenten los recursos para la ciencia y la educación, como lo expone Martha Nussbaum, en pro del desarrollo de capacidades.
Referencias bibliográficas
• Ahmad, A. R., & Murad, H. R. (2020). The Impact of Social Media on Panic During the COVID-19 Pandemic in Iraqi Kurdistan: Online Questionnaire Study. Journal of Medical Internet Research, 22(5), e19556. https://doi.org/10.2196/19556
• Cómo nos manipulan en las redes sociales | Santiago Bilinkis | TEDxRiodelaPlata—YouTube. (s. f.). Recuperado 30 de mayo de 2021, de https://www.youtube.com/watch?v=8nKCA9h-7BA
• Hamel, T. (2020). Pandémie Covid-19: Leçons pour le Bioterrorisme. Securite globale, 24(4), 5-42. https://www.cairn.info/revue-securite-globale-2020-4-page-5.htm
• Infodemic: Fake news and COVID-19 mortality trends in six Latin American countries. (s. f.). Pan American Journal of Public Health. https://doi.org/10.26633/RPSP.2021.44
• Josseran, L., & Rouvroit, A. L. de. (2016). 48. Bioterrorisme. En Traité de santé publique (pp. 444-451). Lavoisier. https://www.cairn.info/traite-de-sante-publique–9782257206794-page-444.htm
• Kaldor, M. (2013). In defence of new wars. Stability: International journal of security and development, 2(1).
PERFIL INVESTIGADOR

Anderson Díaz Pérez
Departamento de Ciencias Sociales y Humanas
Doctor en Bioética y Doctor en Salud Pública. Posdoctor en Investigación Internacional en Seguridad y Defensa.

