Estudio realizado en la Bahía Almirantazgo por investigadores de las universidades Simón Bolívar, de Cádiz, de la Costa y la Escuela Naval de Suboficiales ARC ‘Barranquilla’, en la VI Expedición Científica de Colombia a la Antártica.
Por Diego Villate Daza, Hernando Bolívar Anillo, Giorgio Anfuso Melfi, Luana Portz, Rogeiro Portantiolo
A nivel mundial, se ha presentado en los últimos años una dicotomía: la necesidad de continuar con el desarrollo económico, que permite mantener el estilo de vida “moderno” al que nos hemos acostumbrado, y cambiar nuestras costumbres para sustentabilidad del planeta. Estos dos aspectos han generado infinidad de escenarios de discusión que, al final, solo venden ideas vanas que no detienen ni solucionan el terrible daño que se generan con los residuos, especialmente con un material al que llamamos plástico.
¿Dónde empezó esto? En la antigüedad el hombre dependía netamente de la naturaleza para fabricar sus herramientas, aspecto que cambia con el plástico sintético creado por el químico Leo Baekeland en 1909 (Garcia, 2009), quien con su invención facilitó el desarrollo de elementos y materia prima que podía utilizarse en casi todo, y que originó la creación de una mayor variedad de plásticos que se adecuarían a una amplia gama de fines, lo que derivó a su utilización generalizada por sus innegables beneficios: bajo costo, poco peso y su fácil fabricación (ONU, 2018).
Desde la década de 1950 hasta la actualidad, la desbordada utilización de este material ha traído problemas ambientales que perjudican de manera particular nuestros océanos. Evidencia científica reciente apunta a que miles de millones de toneladas de basura se vierten cada año, sin que los Estados puedan controlarlo.
Un estudio de Jambeck (2015) estima que 192 países costeros generaron 275 millones de toneladas métricas de residuos plásticos en 2010, de los cuales llegaron a los océanos entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas métricas. Estos residuos poseen gran capacidad de dispersión por ondas, corrientes y vientos, a tal punto que son encontrados en medio de los océanos y en áreas remotas.
192
Países costeros generaron 275 millones de toneladas métricas de residuos plásticos en 2010.
Impacto en la salud humana
El problema se vuelve más evidente en las zonas costeras, donde las actividades humanas están concentradas. Pero no termina allí. La mayoría de los plásticos no se biodegradan, sino que se fragmentan paulatinamente en trozos cada vez más pequeños hasta convertirse en microplásticos que tardan muchísimo tiempo en descomponerse.
En muchas ocasiones son imperceptibles a la vista, casi imposibles de retirar de los océanos y playas, quedándose suspendidos o mezclados en el agua y el material no consolidado de la arena. Se convierten así en un elemento de fácil ingesta para la fauna local que, según registros y estudios de FAO (2017), más de 220 especies acuáticas ingirieren desechos de microplásticos en condiciones naturales. Esto sin contar las aves, tortugas marinas y mamíferos.
No solo la fauna está consumiendo microplásticos. En el mismo estudio se manifiesta que se han encontrado en diversos alimentos consumidos por seres humanos (como cerveza, miel y sal de mesa).
El mayor registro científico de microplástico en la ingesta humana apunta a que su presencia se puede evidenciar con más frecuencia en los mariscos, convirtiéndolos en la principal fuente conocida a la que se expone el ser humano. Sin descartar otro tipo de fuentes de menor relevancia como los peces, a los que también se les ha detectado estos residuos, pero que gracias a su metabolismo son eliminados de manera más ágil.
A nivel científico, desde Thompson (2004) no se ha detenido el estudio de la dispersión de macro y microplásticos en el mundo, evidenciándose su presencia incluso en ambientes tan remotos como la Antártica.
Estudios recientes adelantados en la Bahía Almirantazgo por investigadores de la Universidad Simón Bolívar, la Universidad de Cádiz, la Universidad de la Costa y la Escuela Naval de Suboficiales ARC ‘Barranquilla’ dan cuenta de que la problemática es persistente y, a pesar de los esfuerzos de los Estados, el material continúa llegando a lugares donde no debería estar.
El trabajo titulado ‘Distribución de basura en la Bahía Almirantazgo, Isla Rey Jorge, Antártica’ es resultado de la VI Expedición Científica de Colombia a la Antártica, apoyada por la Comisión Colombiana del Océano, la Dirección general Marítima y la Armada Nacional, en el marco del Programa Antártico Colombiano.
El mayor registro científico de microplástico en la ingesta humana apunta a que su presencia se puede evidenciar con más frecuencia en los mariscos.
Corrientes y material de desechos
Durante esta investigación, la abundancia y el contenido de la basura varió dependiendo del sector, siendo factores determinantes la ubicación, la exposición de las playas, la proximidad a las bases científicas y rutas de transito de embarcaciones. Se observó una estrecha relación entre los residuos y la constante intervención antrópica (humana) que, aunque controlada, siempre deja huella.
Hay que recalcar que, si bien la mayoría de los desechos encontrados tiene relación con las actividades humanas del sector, con seguridad otra parte fue traída por las corrientes y el oleaje, lo que hace pensar que el océano en su típica dinámica está sirviendo de medio de transporte de estos elementos contaminantes en lugares tan apartados como el continente blanco.
Del total de la basura analizada, las piezas de plástico duro representaron el 9,68%, con 69 artículos que estaban constituidos por diferentes tipos de plásticos como cloruro de polivinilo (PVC) o polietileno de alta densidad. En el caso del metal, se contabilizaron 24 artículos que representaron el 3.37%; los fragmentos de caucho representaron el 2,81%, con 20 artículos, y probablemente estaban relacionados con actividades realizadas localmente, ya que el caucho es muy útil por su dureza, elasticidad y resistencia a la abrasión.
Las piezas de plástico espumado representaron el 2,66% del total, con 19 artículos que habitualmente estaban compuestos por poliestireno, que es utilizado en actividades de transporte, aislamiento y pesca (boyas). El resto de categorías representaron menos del 2%: cartón, abrazaderas, piezas de plástico de películas, además de botellas de agua fabricadas en diferentes países.
Estos resultados confirman que este sitio, considerado hasta hace unos años un reservorio ambiental, poco perturbado por la mano del hombre, tiende cada vez más a estar entre los lugares donde arriban residuos antropogénicos contaminantes, caso que se desvirtuaba apenas hace unos años con estudios como los de Barnes et al. (2009), que daba cuenta que su presencia era poco frecuente.
Es necesario tomar las medidas pertinentes para evitar la llegada de basuras (plásticos) a los océanos. Esto y no solo depende de compromisos entre los gobiernos del mundo. La solución puede comenzar en casa con una buena disposición de los residuos o cuando visitemos las playas y no arrojemos basuras. Cosas tan sencillas como estas pueden ayudar a frenar la acelerada contaminación de los océanos con plásticos.
La Antártica, considerada hasta hace unos años un reservorio ambiental poco perturbado por la mano del hombre, tiende cada vez más a estar entre los lugares donde arriban residuos antropogénicos contaminantes.
Referencias bibliográficas
Barnes, D; Galgani, F; Thompson, R; Barlaz, M. (2009). Accumulation and fragmentation of plastic debris in global environments. Philosophical Transactions of the Royal Society Series B, 1985–1998.
FAO. (2017). Microplastics in fisheries and aquaculture. EU: Technical Paper 615.
Garcia, S. (2009). Referencias Históricas y Evolución de los Plásticos. Revista Iberoamericana de Polímeros , 71-80.
Geyer, R., Jambeck, J. R., & Law, K. L. (2017). Production, use, and fate of all plastics ever made. Science Advances, 1-5.
Jambeck, J. e. (2015). Plastic waste inputs from land into. Marine Pollution, Research Reports , 768-770.
ONU. (2018). El Estado de los plásticos «Perspectiva del día mundial del medio ambiente». India : ONU Medio Ambiente .
Thompson, R. C. (2004). Lost at sea: where is all the plastic? Science, 304(5672), 386.
PERFIL INVESTIGADORES

Diego Villate Daza
Suboficial de la Escuela Naval de Suboficiales ARC ‘Barranquilla’.
Administrador Marítimo y Fluvial. Especialista en Manejo Integrado de Zonas Costeras.

Hernando Bolívar Anillo
Grupo Bio-Organizaciones de la Universidad Simón Bolívar.
Microbiólogo. Ph.D. en Recursos Agroalimentarios.

Giorgio Anfuso Melfi
Profesor e investigador de la Universidad de Cádiz (España).
Profesor e investigador de la Universidad de Cádiz (España).

Luana Portz
Profesora e investigadora de la Universidad de la Costa.
Oceanóloga. Ph.D. en Geología Marina y Costera.

Rogeiro Portantiolo
Profesor e investigador de la Universidad de la Costa.
Oceanólogo. Ph.D. en Geología Marina y Costera.

