En Colombia y Brasil, investigadores de la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Estadual Paulista (Unesp) analizan la evolución, la genética y el estado de conservación de esta planta carnívora de la familia Lentibulariaceae.
Por Yani Aranguren Díaz
Colombia es un país de agua. El 26 % del territorio está cubierto por humedales. Particularmente, la geografía de la región Caribe se caracteriza por poseer numerosos humedales que hacen parte de las cuencas de los ríos Magdalena, Cauca, San Jorge, Sinú, Atrato y Catatumbo.
El poco conocimiento sobre los humedales o las ciénagas hace que muchos consideren que son simples pozos de agua estancada, poco atractivos paisajísticamente, inútiles e incluso los llegan a ver como un problema; sin embargo, son un recurso de altísimo valor como reservorio de agua y vida, que albergan numerosos tesoros de flora y fauna nativas únicas, especialmente adaptadas a estos ambientes.
Una de esas maravillas poco conocidas son algunas plantas carnívoras del género Utricularia, de la familia Lentibulariacea, que junto a los géneros Pinguicula y Genlisea representan el grupo taxonómico con mayor número de especies de plantas carnívoras del planeta. Se distribuyen en regiones tropicales y boreales de todo el mundo.
Existen más de 230 especies de Utricularia, que habitan ambientes terrestres húmedos o acuáticos, como los humedales colombianos. Brasil es el país con mayor diversidad conocida del género Utricularia, y Colombia alberga un amplio número de especies. Sin embargo, son muy pocos los estudios realizados en Colombia, por lo cual la diversidad de la familia puede estar subestimada y el estado actual de las especies es desconocido.
La carnivoría en plantas está definida por un conjunto de características morfológicas y fisiológicas que les permiten atraer, capturar, digerir y absorber nutrientes (fósforo y nitrógeno, entre otros) a partir de las presas degradadas: bacterias, protozoarios, microalgas, crustáceos, insectos y pequeños vertebrados. Y, como todas las especies, las plantas carnívoras tienen un papel en el funcionamiento de los ecosistemas, haciendo parte de las cadenas tróficas y los ciclos de nutrientes.
68% de las especies de utricularia
se perdieron entre 1970 y 2016 en el planeta, la mayor parte en Latinoamérica, según el Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wide Fund for Nature, WWF).
Estructuras de atracción y captura
Las utricularias son un grupo fascinante, pues poseen características morfológicas, fisiológicas, genéticas y ecológicas únicas. Son pequeñas plantas a las cuales no se les diferencia claramente las hojas de los tallos. Sus trampas son hojas modificadas subterráneas o subacuáticas, en forma de una vesícula de entre 0,2 a 12 mm, llamados utrículos, que poseen estructuras sensitivas que se activan con la presencia de posibles presas.
Ese mecanismo activo de succión y captura les permite distribuirse en ambiente oligotróficos; es decir, donde hay pocos nutrientes disponibles. Las ciénagas son ecosistemas con limitada disponibilidad de nitrógeno y fósforo, donde las dinámicas anuales hidrobiológicas hacen variaciones en las cadenas alimenticias durante los períodos secos y lluviosos, favoreciendo el desarrollo de estas plantas.
En las ciénagas de Colombia es posible encontrar poblaciones de especies como Utricularia gibba, Utricularia foliosa, Utricularia breviscapa, Utricularia hydrocarpa y Utricularia pusilla. Se encuentran en los tapetes de macrófitas, en los márgenes de los cuerpos de agua, donde conviven con la flora y fauna del ecosistema.
Estas plantas se esconden bajo el agua durante una parte del año y cuando llegan las lluvias se revitalizan, adornando los tapetes con sus numerosas, pequeñas y llamativas flores amarillas, que emergen por encima de la superficie. El cuerpo vegetativo de la planta (hojas, estolones y utrículos) está entre las otras plantas acuáticas y dentro del agua, en donde realizan las funciones fotosintéticas y capturan microorganismos para obtener nutrientes.
Los órganos vegetativos de las utricularias permiten el desarrollo de simbiontes —organismos íntimamente asociados y mutuamente beneficiados—, como perifiton y microorganismos endófitos. Además, sirven de alimento a peces y mamíferos. En las ciénagas de la región Caribe, los pescadores saben que las utricularias son uno de los alimentos favoritos del manatí. Por desgracia, estas dos maravillas de la biodiversidad están desapareciendo de las ciénagas.

48.473 de los humedales que,
se estima, existen en Colombia. La mayoría están en las regiones Caribe, Orinoquía y Andina.
Un tesoro amenazado
Pese a la importancia que tienen los humedales como recurso hídrico y biológico, en Colombia están sufriendo una notable reducción. El Instituto Alexander von Humboldt estima que el 24,2 % fueron transformados, el 88 % no están protegidos y la mayoría sufren los efectos de la polución, el urbanismo, la minería, la deforestación, la agricultura y la ganadería.
La reducción del cuerpo de agua conlleva la reducción de las especies y la alteración de las dinámicas naturales. Esto se refleja en los estudios de las poblaciones de utricularias y sus interacciones con otras especies, e incluso en los relatos de los pescadores habitantes de algunas ciénagas, quienes manifiestan una disminución o pérdida de la especie y que han sido acorraladas y desplazadas por especies invasoras.
Las utricularias son un ejemplo de las maravillas ocultas de la biodiversidad colombiana, que pertenecen a los humedales, poseen funciones en el ecosistema, contribuyen a la existencia de otras especies y hacen parte del patrimonio natural de la nación y del mundo. Su presencia y distribución revela algo sobre la salud del ecosistema, y su ausencia indica una alteración de la integridad de las poblaciones, las especies asociadas, del ecosistema y del recurso hídrico.
Es necesario que todos conozcamos la importancia de los humedales y las maravillas que albergan, que se amplíen las áreas protegidas y se creen políticas para resguardarlos mejor, conservarlos y así garantizar la vida en el planeta durante generaciones.
“El urbanismo, las limitadas políticas de protección y el poco conocimiento sobre estos ecosistemas han afectado y reducido dramáticamente los humedales ubicados en algunas de las ciudades más importantes del país”.
Reservorios de biodiversidad
Los humedales son una importantísima reserva de agua disponible para la biodiversidad y el consumo humano. Prestan numerosos servicios ecosistémicos, como la regulación del clima y de la calidad del agua y del aire, además del ciclaje de nutrientes. También son refugio para la biodiversidad nativa y migratoria. Además, nos proporcionan alimentos y materias primas, como pescados, moluscos, mariscos, frutos, semillas, hojas, fibras y barro para la construcción.
Históricamente, en la región Caribe las ciénagas han sido fundamentales para el sustento y desarrollo social y económico de las comunidades aledañas. Incluso, estos cuerpos de agua tienen una influencia importantísima sobre su acervo cultural, que se refleja en su arquitectura, música, artesanía y narraciones.
Desde el Centro de Investigaciones en Ciencias de la Vida (CICV) de la Universidad Simón Bolívar, junto al equipo del doctor Vitor Fernandes Oliveira de Miranda, de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), en Brasil, estamos realizando el proyecto de investigación “Filogenómica de utricularia (sección Utricularia: Lentibulariaceae): una posible historia de evolución reticulada y estado de conservación en un grupo de plantas carnívoras”.
El trabajo científico permitirá conocer mejor las especies U. gibba y U. foliosa, distribuidas en humedales de Colombia y Brasil, y así entender su historia evolutiva, patrones de distribución geográfica, la dinámica de las poblaciones y su estado de conservación.
PERFIL INVESTIGADOR

Yani Aranguren Díaz
Grupo Bio-Organizaciones
Categoría A1 de Minciencias
Bióloga y Ph. D. en Agronomía, Genética y Mejoramiento de Plantas.

