¿Por qué se lesionan tanto los corredores aficionados?

Expertos del Laboratorio de Análisis del Movimiento de Unisimón realizan un perfil biomecánico y ergoespirométrico de corredores aficionados para conocer por qué se producen tantas lesiones en este deporte, que se ha vuelto tan popular en el mundo.

Por William González Badillo

La carrera se ha convertido en uno de los deportes más populares del mundo. Da igual la hora, el día, el mes o el clima, siempre hay gente corriendo, buscando canalizar, a través del trote, todas las energías que produce el cuerpo.

¿Qué hace del trote un deporte atractivo? Es un ejercicio barato, solo se necesitan unos buenos tenis y tiempo para practicarlo; se puede realizar solo —aunque acompañado es mucho más divertido—; es una actividad muy agradecida, porque en poco tiempo se ven los resultados en la pérdida de peso y el mejoramiento de las aptitudes físicas, y lo más importante, es un pasatiempo que engancha fácilmente y mejora la autoestima, porque quieres más y tratas de superarte en tiempo y distancia.

Pero hasta un deporte tan práctico también tiene sus contras, si no se realiza de manera acertada: no es correr por correr, sino saber correr. A eso le apunta el trabajo que realiza la Universidad Simón Bolívar, a través de su Laboratorio de Análisis del Movimiento (LAM), al buscar el porqué del aumento de las lesiones en corredores aficionados, creando un perfil biomecánico y ergoespirométrico de los corredores del departamento del Atlántico.

“Cuando hablamos del perfil biomecánico, nos referimos a analizar las variables, como el ángulo de la carrera, la zancada, la longitud, los patrones de aterrizaje del pie, los patrones de actividad muscular con respecto a cuando choca el talón en el suelo, el apoyo plantar y el despegue de los dedos, mirando que se cumpla con todas esas fases del trote”, explica Raúl Polo Gallardo, profesor de Unisimón, magíster en actividad física y Ph. D. en Ciencias de la Salud.

Por su parte, el perfil ergoespirométrico es la evaluación de la capacidad máxima de aspirar oxígeno de la persona, que es un indicador de cómo está su condición física para la disciplina que practica.

Para este estudio, en el LAM de Unisimón se evalúa la marcha de corredores aficionados con el sistema BTS de análisis de movimiento y el ergoespirómetro.

18 a 65

años es la media de edad de la población de personas escogidas para el estudio que se realizó sobre el perfil biomecánico y ergoespirométrico de los corredores aficionados del departamento del Atlántico.

El proyecto nació debido al aumento considerable de las lesiones osteomusculares en corredores aficionados en rodilla, tobillo y tibiales anteriores. El objetivo es obtener un perfil biomecánico para ver en qué suelen fallar los deportistas y crear unas recomendaciones generalizadas de cómo minimizar estas lesiones.

Según la evidencia clínica revisada para esta investigación, las principales molestias son periostitis tibial, que es una lesión común que afecta la parte frontal de la espinilla, donde se encuentra el hueso de la tibia; esguinces de tobillo, dolores en la rodilla y en las mesetas tibiales, entre otras. ¿Pero por qué se generan?

“Por los fuertes impactos. No están llevando las fases de la carrera de manera adecuada y lo que están haciendo es maltratar esta zona del cuerpo. Otro aspecto es el uso de calzado inadecuado, el cual no permite que esas fases de la pisada se den de manera apropiada, pues los tobillos tienden a doblarse y se producen esguinces”, responde Polo.

El estudio, que toma como base a una población de corredores aficionados entre 18 y 65 años, expone que muchos de los corredores no tienen una técnica adecuada. “Corren como sean, no tienen inclinación de la cabeza, no balancean los brazos, no hacen las fases de la carrera; eso, de una u otra manera, perjudica el rendimiento y vuelve a la persona vulnerable a las lesiones”, advierte el especialista.

Las principales fallas en los corredores evaluados están en las fases del apoyo de los pies: al chocar el talón, hacen apoyo plantar sin que haya un despegue de los dedos o corren en puntas en busca de un mayor rendimiento, evitando lo que más puedan el contacto, pero fatigan los músculos.

“Otros hacen el choque directo y el pie no amortigua. Todo eso se vuelve una cadena: si se afecta el tobillo, se afecta la rodilla; si se afecta la rodilla, se afecta la cadera, y después vienen los dolores en la zona lumbar baja”, especifica Polo.

Otro error: quieren correr distancias relativamente largas a diario. Lo ideal es realizar un plan de entrenamiento basado en intervalos, para desarrollar resistencia de manera gradual, con el objetivo de agarrar fondo y evitar el desgaste de rodillas y tobillos.

El objetivo de este análisis es determinar en qué suelen fallar los corredores aficionados y crear unas recomendaciones generalizadas de cómo minimizar las lesiones. / Foto: Grupo de entrenamiento No Limits

“Las principales molestias son periostitis tibial, una lesión común que afecta la parte frontal de la espinilla (donde se encuentra el hueso de la tibia), esguinces de tobillo, dolores en la rodilla y en las mesetas tibiales, entre otros”.

Raúl Polo Gallardo

Docente e investigador de la Universidad Simón Bolívar

¿Qué se utilizó para este estudio?
El Laboratorio de Análisis del Movimiento posee unas cámaras infrarrojas autoelectrónicas, las cuales permiten hacer la reconstrucción cinemática del movimiento de los corredores.

En una caminadora se hace la evaluación del deportista y el estudio biomecánico de la carrera, por medio de unos marcadores que se colocan en puntos específicos del cuerpo para realizar un standing. Así, a cada marcador se le indica a qué punto anatómico corresponde.

“Por ejemplo, C7, el de la espina ilíaca, C8, el de los talones, y así sucesivamente. Luego, se le indican al sistema las fases de la carrera y se genera un reporte en PDF que permite evaluar los parámetros de la carrera del deportista o del paciente que se ha evaluado”, comenta Enso Jiménez Turizo, coordinador del laboratorio. “Esto también se puede hacer en forma simultánea con una electromiografía de superficie, que es un método de evaluación no invasivo que nos permite cuantificar la señal eléctrica que se da en la contracción muscular”.

También se utilizó el ergoespirómetro, que permite mirar el consumo máximo de oxígeno para saber si la persona corre a su máximo rendimiento o en un 70 % u 80 % de su capacidad máxima.

“Cuando hablamos del umbral anaeróbico, nos referimos a cuando la persona llega a su límite. Ahí obtenemos su frecuencia cardíaca máxima y establecemos el porcentaje de frecuencia cardíaca en el que debe correr para que no llegue a su umbral anaeróbico. Todo esto viene acompañado de un electrocardiograma, que va registrando toda esa actividad eléctrica en el corazón a medida que va aumentando la intensidad”, agrega Jiménez.

Evitar las lesiones es la mayor preocupación de todo corredor. Como en toda actividad física, el trote implica tomar precauciones para que su práctica cumpla con el objetivo primordial: potencializar el cuerpo y que no se convierta en un arma de doble filo que termine debilitándolo por las molestias que causa.

PERFIL CIENTÍFICO

Raúl Polo Gallardo

Grupo de Investigación en Nefrología. Categoría A1 de Minciencia.

Fisioterapeuta. Ph. D. en Ciencias de la Salud, investigador y profesor de Fisiología del Ejercicio.

Enso Jiménez Turizo

Grupo de Investigación Muévete Caribe

Ingeniero Electrónico. Magíster en Biomédica. Coordinador del LAMB.

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