Los refugiados climáticos: invisibles ante un sistema sin respuestas

Si bien la denominación “refugiados climáticos” se popularizó hace más de 30 años, es más común ahora porque las cifras de víctimas de desplazamiento producto del cambio climático ha ido aumentando cada año, desde 2008.

Por Carolina Ramírez Martínez y Neida Albornoz Arias

La literatura contemporánea sobre migraciones resalta cómo el calentamiento global lleva a fenómenos climáticos como el aumento del nivel del mar, huracanes, inundaciones, tormentas, sequías prolongadas, la desertificación, terremotos y otros desastres naturales, que afectan a miles de personas y poblaciones que se ven obligadas a desplazarse de manera forzada de sus territorios. Estas movilidades humanas han sido llamadas migraciones climáticas, las cuales pueden definirse como movimientos humanos vinculados a factores climáticos graduales o repentinos, que impulsan a desplazamientos internos o transfronterizos, pero que generalmente son causados por procesos lentos como sequías, desertificación o combinación de fenómenos climáticos.

En 1976, Lester R. Brown, destacado ambientalista y fundador del Worldwatch Institute, acuñó el término “refugiado climático” para referirse al desplazamiento forzado transfronterizo, donde las condiciones ambientales hacen inviable la vida en el lugar de origen (Brown, 1976, citado en Terminski, 2011). El concepto de refugiado climático fue popularizado en 1993 por Norman Myers, en su artículo Environmental Refugees in a Globally Warmed World, publicado en BioScience, en el cual estima que en 2050 podría haber 200 millones de refugiados ambientales debido al cambio climático.

La diferencia clave entre ambos términos —migraciones climáticas y refugiados climáticos— radica en su alcance y connotación. El refugio climático sugiere un desplazamiento forzado con necesidad de protección internacional, mientras que la migración climática incluye una variedad de movimientos, no todos forzados ni transfronterizos.

Aunque existen debates profundos sobre el uso del término “refugiado” o “migrante” climático, dado que la Convención de Ginebra de 1951 centra la concepción del refugiado en la persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social u opiniones políticas, 32,6 millones de personas fueron desplazadas en 2022 por desastres relacionados con el clima, según el Observatorio de Desplazamiento Interno (IDMC, 2023), superando por sexto año consecutivo los desplazamientos por conflictos armados y siendo las familias pobres las más afectadas. Desde 2008 hasta 2022, más de 318 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares debido a inundaciones, tormentas, sequías y otros fenómenos extremos (IDMC, 2023).

El Banco Mundial proyectó hace cuatro años que, si no se toman medidas urgentes, en 2050 hasta 216 millones de personas podrían verse obligadas a migrar dentro de sus países en regiones como África subsahariana (86 millones, por sequías y desertificación), Asia meridional (40 millones, por inundaciones y pérdida de cultivos) y América Latina (17 millones, por huracanes y degradación de tierras). Además, pequeños Estados insulares en desarrollo, como Tuvalu y Kiribati, enfrentan un riesgo existencial debido al aumento del nivel del mar, lo que podría llevar a la migración forzada de comunidades enteras (McNamara et al., 2021).


“La diferencia clave entre migraciones climáticas y refugiados climáticos radica en su alcance y connotación. El refugio climático sugiere un desplazamiento forzado con necesidad de protección internacional, mientras que la migración climática incluye una variedad de movimientos, no todos forzados ni transfronterizos”.


Más pobres, más vulnerables
Los más afectados son las comunidades pobres de países en desarrollo que carecen de recursos para adaptarse y mitigar los riesgos. Colombia no escapa de esta realidad, pues afronta las amenazas del cambio climático, dada su ubicación tropical, diversidad ecológica y vulnerabilidades socioeconómicas.

Entre las amenazas del cambio climático están el aumento de las temperaturas y olas de calor en la región Caribe (Cartagena y Barranquilla) y valles interandinos (Valle del Cauca); el deshielo de glaciares y nevados en la Sierra Nevada de Santa Marta, Parque Nacional El Cocuy, Nevado del Ruiz, Tolima y Santa Isabel; incremento de lluvias e inundaciones en Chocó, Amazonia, cuencas del Magdalena y Cauca; sequías prolongadas en la región Caribe (La Guajira) y Llanos Orientales; elevación del nivel del mar en las costas de Cartagena, San Andrés y Providencia y Golfo de Urabá, y pérdida de biodiversidad en la cordillera de los Andes (Antioquia, Caldas y Risaralda). (IDEAM, 2021).

Pese a que la mayoría de las migraciones climáticas ocurren dentro de los propios países y un menor porcentaje cruza las fronteras, su impacto es mundial y los países desarrollados tampoco están exentos de las consecuencias. En Estados Unidos, la Oficina del Censo reportó que 3,2 millones de adultos mayores fueron desplazados por desastres naturales. Hoy nos enfrentamos a un fenómeno que nos afecta a todos, marcado por la desigualdad en los esfuerzos por mitigar el impacto del cambio climático.

En las actuales migraciones climáticas transfronterizas se acentúa con más fuerza el término “refugiado climático” para referirse a las personas que afrontan la pérdida de sus casas, medios de vida, seguridad alimentaria, acceso a servicios básicos y carecen de protección legal, por lo que deciden trasladarse a otro país.

A diferencia de los refugiados definidos por la Convención de Ginebra de 1951, estamos frente a una ausencia de reconocimiento legal internacional de los refugiados climáticos, lo cual complica la respuesta a las necesidades que demandan, y los marcos actuales no son vinculantes ni suficientes (Brookings, 2019). Esta realidad puede generar tensiones geopolíticas cuando los países de acogida opten por implementar políticas migratorias restrictivas, a pesar de que estos flujos migratorios sean difíciles de contener.

$318 millones

Las personas que desde 2008 hasta 2022 tuvieron que abandonar sus hogares debido a inundaciones, tormentas, sequías y otros fenómenos extremos (IDMC, 2023).

PERFIL CIENTÍFICO

Ph. D. en Ciencias Sociales y Jurídicas y líder del Centro de Investigación en Estudios de Frontera (CIEF)

Grupo de investigación Altos Estudios de Frontera (ALEF)
Categoría A1 del Minciencias

Magíster en Prácticas Pedagógicas y doctoranda en Educación.

Grupo de investigación Altos Estudios de Frontera (ALEF)
Categoría A1 del Minciencias

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