La toxicóloga Senith Beleño Rodríguez explica señales de alarma, tratamiento hospitalario y acciones simples para evitar ser víctimas del consumo de metanol, en lugar de etanol. Lo que comienza con una aparente embriaguez común, luego provoca acidosis y daño neurológico, con riesgo de ceguera y muerte.
Como médica y magíster en Toxicología, he visto un mismo patrón que se repite en Barranquilla cada cierto tiempo: aumenta el consumo de licor adulterado en temporadas festivas y aparecen personas en urgencias con un cuadro que, al inicio, se parece demasiado a una borrachera común.
El problema es que no siempre es “un trago que cayó mal” y lo que está detrás es el metanol, un alcohol que no es apto para su consumo en humanos y puede causar muerte o secuelas permanentes, incluso cuando al principio parece que todo es solo embriaguez.
En el lenguaje popular se habla de ‘cococho’ o ‘alcohol malo’. Con frecuencia, la expresión apunta a mezclas artesanales o bebidas adulteradas en las que el alcohol etílico (etanol), que está presente en los licores regulados, es reemplazado total o parcialmente por alcohol metílico (metanol).
El metanol es un líquido incoloro, inflamable y altamente tóxico: se usa en ámbitos industriales y domésticos, puede estar presente en productos como solventes, removedores de pintura o limpiavidrios y su costo suele ser inferior al del etanol. Esta diferencia económica abre un incentivo para su uso ilegal en bebidas y lo facilita el hecho de que no hay una manera casera confiable de identificarlo: el color, el olor o el envase no garantizan seguridad.
Lo más delicado es que la intoxicación por metanol puede engañar. En las primeras horas, el cuerpo puede mostrar signos de embriaguez que no parecen distintos a los de cualquier consumo de alcohol. La aparente “normalidad” hace que muchas personas no sospechen y se queden en casa esperando que el malestar pase.
Con frecuencia, las expresiones “cococho” o “alcohol malo” apuntan a mezclas artesanales o bebidas adulteradas en las que el alcohol etílico, que está presente en los licores regulados, es reemplazado total o parcialmente por alcohol metílico.
Cuadro tóxico
Con el tiempo aparece el verdadero cuadro tóxico, no tanto por el metanol en sí, sino por lo que el organismo produce al metabolizarlo. En el hígado, una enzima llamada alcohol deshidrogenasa convierte el metanol en formaldehído, y luego otra enzima (aldehído deshidrogenasa) transforma el formaldehído en ácido fórmico. Este ácido desencadena acidosis metabólica y lesión multiorgánica, con afectación marcada del sistema nervioso. El nervio óptico es especialmente vulnerable: por eso el daño visual es una señal de alarma que nunca debe minimizarse.
En la práctica clínica, los síntomas pueden confundirse con un “guayabo” más intenso de lo usual. Se presenta dolor de cabeza pulsátil, náuseas, vómito, gastritis, mareo, dolor abdominal tipo cólico y debilidad muscular. Pero, insisto, hay un grupo de síntomas que debe prender todas las alertas: las alteraciones visuales.
Los pacientes pueden describir visión borrosa, molestia fuerte con la luz, “ver estrellitas”, percibir un punto negro, ver halos o colores alrededor de los objetos y notar una disminución marcada de la agudeza visual. Si a eso se suma dolor de cabeza severo y malestar gastrointestinal agudo, mi recomendación es clara: no automedicarse y consultar de inmediato a un servicio de urgencias. El tiempo cuenta.
Los síntomas pueden confundirse con un “guayabo” más intenso de lo usual. Se presenta dolor de cabeza pulsátil, náuseas, vómito, gastritis, mareo, dolor abdominal tipo cólico y debilidad muscular.
Tratamiento y prevención
El manejo médico existe y está sustentado en un principio bioquímico sencillo: el hígado tiene mayor preferencia por metabolizar etanol que metanol. Por eso, en un contexto hospitalario, el etanol se puede utilizar como antídoto: se administra para “ocupar” la enzima con el sustrato de mayor afinidad y así disminuir la conversión del metanol en ácido fórmico, frenando la progresión del daño.
Según la severidad del caso y los hallazgos clínicos y de laboratorio, se puede requerir hemodiálisis, que permite filtrar la sangre y hacer un barrido del metanol y sus metabolitos mientras todavía circulan. No es un llamado a “tomar más licor” como respuesta, sino una intervención médica que debe hacerse con vigilancia, dosis adecuadas y soporte clínico.
La prevención sigue siendo la medida más efectiva. Comprar en lugares reconocidos y desconfiar de precios demasiado bajos reduce el riesgo. Evitar ventas ambulantes y productos sin trazabilidad también. Si ocurre un caso sospechoso, y siempre que sea seguro, es útil conservar el resto del licor y su envase para facilitar análisis posteriores.
Cuando se habla de licor adulterado, no se trata de una anécdota urbana: es un problema sanitario real, que puede dejar a su paso muerte, ceguera y secuelas neurológicas. Mi intención al explicarlo es que más personas reconozcan las señales tempranas, actúen a tiempo y reduzcan la exposición a un riesgo que se puede evitar.
Tragedias históricas
Tres tragedias por la ingesta de licor adulterado se registraron en Barranquilla, en los últimos 36 años, dejando un saldo de sesenta personas fallecidas y más de medio centenar con graves secuelas permanentes, como ceguera y trastornos del sistema nervioso central. El foco de las intoxicaciones ha sido El Boliche, un sector del centro de la ciudad donde se concentran comerciantes de productos de la canasta familiar.
La primera tragedia ocurrió en la celebración del Día del Amor y la Amistad, el 20 de septiembre de 1989, por la cual fallecieron 26 personas. La segunda fue en la celebración del Día de la Madre, el 11 de mayo de 2004, que acabó con 19 personas sin vida. Y el caso más reciente sucedió el Día del Amor y la Amistad, el 22 de septiembre de 2025, donde murieron 15 ciudadanos.
PERFIL CIENTÍFICO

Médica, magíster en Toxicología, profesora del programa de Medicina de Unisimón y educadora en simulación. Facultad de Ciencias de la Salud.
Grupo de Investigación en Simulación Clínica
