¿No te importa el cambio climático?

Colombia no escapa a esas consecuencias. Aunque su contribución a las emisiones globales de gases de efecto invernadero sea apenas del 0,57 %, somos particularmente vulnerables.

Por Federico Egea Rosales

¿Qué piensas cuando lees “cambio climático”? ¿Qué sientes al leerlo? ¿Qué imágenes llegan a tu cabeza? Meditar sobre estas preguntas nos permite, a grandes rasgos, entender cuál es nuestra percepción sobre uno de los desafíos más grandes para la humanidad y de qué forma lo concebimos

El cambio climático hace referencia a los cambios en las temperaturas y los patrones climáticos del planeta. A lo largo de la historia de la Tierra, factores naturales como la actividad solar y las erupciones volcánicas han moldeado las dinámicas planetarias. Sin embargo, en nuestro tiempo lo atribuimos principalmente a las actividades humanas como la quema de combustibles fósiles, que ha liberado grandes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera, incluyendo dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O).

Aunque no son un peligro per se, ya que sin su presencia en nuestra atmósfera el planeta tendría una temperatura unos 33 grados Celsius más fría, la sobreproducción de esos gases —sobre todo el dióxido de carbono— ha desequilibrado las temperaturas globales. Esto es lo que conocemos como calentamiento global.

Consecuencias
Los efectos no son menores. Según el informe del IPCC, el aumento de la temperatura global en los próximos años nos enfrentará a una serie de calamidades. Algunas son la escasez de acceso al agua potable, los incendios forestales descontrolados, la degradación acelerada de los ecosistemas y las sequías frecuentes, que amenazan la seguridad alimentaria. También se estima que habrá inundaciones, deslizamientos de tierra, incremento del nivel del mar y erosión costera, todas capaces de infligir daños severos a la vida humana y los medios de subsistencia en todas las regiones del mundo.

Colombia no escapa a esas consecuencias. Aunque su contribución a las emisiones globales de gases de efecto invernadero sea apenas del 0,57 %, somos particularmente vulnerables. De acuerdo con el IDEAM, el 47 % del territorio nacional enfrenta riesgos climáticos catalogados de “altos” o “muy altos”, siendo la región caribeña la más susceptible por su ubicación costera. La NASA ha proyectado para el año 2100 un aumento de 30 a 122 centímetros del nivel del mar, lo que puede conllevar a la pérdida de ecosistemas marinos y costeros (manglares, por ejemplo), daños irreversibles a los arrecifes de coral y erosión de tierras.

47 %

del territorio en Colombia enfrenta riesgos climáticos catalogados de “altos” o “muy altos”, siendo la región caribeña la más susceptible por su ubicación costera, de acuerdo con el IDEAM.

De hecho, todos esos desastres no son proyecciones para el futuro: ya son realidades que vemos. Durante las primeras semanas del año pasado, en Colombia vivimos una ola de incendios forestales que consumieron extensas áreas y se registraron temperaturas máximas sin precedentes en varias regiones. Pese a ello, puede que no importe el cambio climático.

¿Por qué?
Responder a esta pregunta es complejo, pero nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre cómo se ha abordado durante décadas el desafío más acuciante que enfrenta la humanidad. El cambio climático no solo es un desafío para la comunidad científica, también lo es para los medios de comunicación. La estrategia más utilizada para informar sobre el fenómeno es apelar al miedo y la preocupación, según revela un estudio publicado en European Journal of International Law, cuyos autores observaron que tales representaciones temerosas pueden “alienar” y “desempoderar” a las personas.

Investigaciones como la llevada a cabo por Nicholas Smith y Anthony Leiserowitz en 2013 confirmaron que el miedo puede resultar contraproducente y no está necesariamente vinculado al respaldo de políticas para mitigar el cambio climático. En contraste, la difusión de mensajes más esperanzadores puede impulsar un compromiso más sólido; luego, cambiar la perspectiva al crear narrativas del cambio climático, proporcionar información clara sobre acciones positivas y resaltar las conexiones entre problemas y soluciones puede estimular un mayor compromiso del público y beneficiarnos a todos.

Destacar avances en la mitigación de la emergencia climática y reconocer a los equipos, proyectos y personas que trabajan incansablemente para mitigar sus efectos podría generar un mayor impacto en más personas, despertando su interés y motivándolas a la acción. En serio: ¿no te importa el cambio climático?

PERFIL CIENTÍFICO

Federico Egea Rosales

Federico Egea Rosales

Biólogo, divulgador científico y cofundador de La Mecedora de Darwin.

Grupo de Investigación en Biodiversidad del Caribe Colombiano

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