En la Universidad Simón Bolívar se llevó a cabo el encuentro internacional “Ciudades costeras: desafíos frente al cambio climático”.
Por Germán Corcho Tróchez
El biólogo Antonio Guzmán Velasco, jefe del Laboratorio de Biología de la Conservación y Desarrollo Sostenible de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL, México), fue uno de los expositores internacionales invitados al encuentro “Ciudades costeras: desafíos frente al cambio climático”.
En la jornada académica realizada en la Universidad Simón Bolívar participaron, además, especialistas de Colombia, España y Argentina que intercambiaron experiencias de su trabajo sobre el cambio climático y el deterioro de los ecosistemas; un problema mundial que, al tiempo, es local para cada territorio.
“Tenemos que respetar la vocación de las áreas; a veces queremos casi construir sobre el mar cuando las condiciones no lo permiten”, dijo Guzmán, profesor de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UANL con más de 30 años de trabajo académico y especializado en áreas de conservación.
Biólogo, con maestría en Manejo de Vida Silvestre y doctor en Ecología y Desarrollo Sustentable, Guzmán habla a partir de sus más de 35 años de trabajo académico y científico en áreas de la conservación. “Cuando forzamos edificaciones y el desarrollo de infraestructuras no respeta los límites naturales, la naturaleza cobra”, dijo al finalizar su intervención en el encuentro en una entrevista que concedió a Iraka.
En su exposición citó a Charles Darwin, para quien las especies más fuertes son las que mejor se adaptan a su entorno. ¿Los humanos estamos lo suficientemente adaptados para afrontar el cambio climático que hemos causado?
Es claro que los recursos son limitados y las necesidades son muchas. El arte de conciliar las necesidades ilimitadas con los recursos llevó a generar las máquinas y el uso de combustibles fósiles a mayores tasas de extracción. Eso aceleró lo que normalmente se hacía de forma natural. Desde nuestros ancestros, los cambios se hacían de forma progresiva, lenta y, sin duda, algunas de las especies que nos precedieron desaparecieron porque no tuvieron esa capacidad de adaptación y otras continuaron de manera exitosa.
Entonces, sí estamos adaptados porque tenemos herramientas tecnológicas y científicas que nos permiten manipular nuestro medio para tener un nivel de bienestar y confort. Sin embargo, no es infinito porque la tasa de explotación de los recursos naturales va más allá de sus tasas de renovación natural. Debemos respetar los límites planetarios.
En una perspectiva de infraestructura y asentamientos humanos, ¿qué deberíamos cambiar para que la adaptación al cambio climático deje ser buenas intenciones?
La cultura de la sociedad en general en cuanto a su entorno y los recursos que tiene disponibles. Los problemas de salud, seguridad alimentaria y de seguridad propiamente dicha de las poblaciones que vivimos en las costas tiene que ver mucho con la cultura. Tenemos que respetar la vocación de las áreas. A veces queremos casi construir sobre el mar, cuando las condiciones no lo permiten. Y cuando forzamos edificaciones y el desarrollo de infraestructuras no respeta los límites naturales, la naturaleza cobra.
Somos muy afectos a pavimentar avenidas, tenemos ciudades llenas de concreto y no entendemos la dinámica de la cuenca hidrológica. Es decir, de forma natural en esa área donde no hay ciudad, ¿cómo se dan los drenajes naturales? Se deben respetar. Sin embargo, hay una tendencia a querer vivir en la montaña, construir en áreas donde es cada vez más difícil llevar servicios públicos, donde los riesgos de deslaves son muy grandes, donde tienes que modificar mucho el suelo para poder construir y todo eso se confabula de tal manera que genera una bomba de tiempo.
“La tasa de explotación de los recursos naturales va más allá de sus tasas de renovación natural. Debemos respetar los límites planetarios”.
¿Conoce ciudades con problemáticas similares a las de Barranquilla en cuanto a manejo de la infraestructura y las dinámicas medioambientales?
Por lo que vi, tiene en común muchas cosas de la zona del Atlántico de México. Una actividad pesquera no muy tecnificada, aunque en México hay una estructura de cooperativas. No obstante, las técnicas de pesca de subsistencia no generan mayores ingresos para mejor calidad de vida de la gente y las que son tecnificadas sobrexplotan los recursos.
Escuché de un área que están desarrollando —la Ciénaga de Mallorquín—. Por ejemplo, en Tampico (noroeste de México) había una laguna dentro de la ciudad que desemboca al río Pánuco y está muy cerca de la desembocadura al mar que, por mucho tiempo, era como una cloaca adonde todos los drenajes iban. Hubo un proceso de restauración, hubo continuidad de varias administraciones y hoy es un pulmón, un área saneada, restaurada, donde especies que se consideraban extintas ya están regresando. Eso no habla de otra cosa sino de que la restauración ecológica permite restablecer ciertas dinámicas de los ecosistemas.
Le pregunté por similitudes para saber: ¿qué medidas de protección de ciudades costeras se podrían replicar en Colombia?
La construcción de diques y los trabajos de construcción de escolleras para garantizar el acceso a los puertos; los programas de reforestación de mangle, cuya función ecosistémica es muy importante, porque controla inundaciones y es un sumidero de carbono muy fuerte; el desarrollo de infraestructura urbana ad hoc con las características, respetando los niveles y drenajes de los terrenos, y las políticas públicas, la regulación de todo proyecto que implique previamente un estudio de impacto ambiental.

“La restauración ecológica permite restablecer ciertas dinámicas de los ecosistemas”.
Mencionó en su charla que en Tampico existía una especie de leyenda urbana de que los ovnis desviaban los ciclones. Acá en Barranquilla hay una creencia de que la Sierra Nevada de Santa Marta le sirve de barrera natural a la ciudad y la blinda de estos fenómenos naturales. ¿Cómo han logrado en México, a partir de la evidencia científica, desmentir esos mitos?
Quería remarcar la importancia de ese tipo de eventos en los que vemos muchos temas, distintos, con diferentes ópticas, pero con explicaciones basadas en ciencia que pueden explicarle a mucha gente, no solo a los grupos de interés científico. La gente busca explicaciones cuando el conocimiento científico no permea a través de la divulgación hacia la sociedad en general, porque el reto de los científicos es generar conocimiento, pero accesible para todos.
En Tampico, la gente decía que una base de extraterrestres hacía que se desvíen los ciclones, y los hechos no refutan mucho lo que la gente dice: la realidad es que no llegan los ciclones, aunque existe otra realidad científica. Entonces, hay que hacer un programa de divulgación y educación científica.
¿Qué pasa en México? Lo que se hace son los programas de prevención de desastres. Es decir, no hay acción más importante ante el cambio climático que la anticipación: conocer escenarios de cambio climático, hacer estudios de vulnerabilidad o atlas de riesgos permite a la gente reaccionar. Los daños se minimizan enormemente si una población tiene vías de comunicación, vías de evacuación segura, programas de contingencia anticipados y medios de comunicación. Un buen sistema de protección civil es fundamental, una parte principal antes que cualquier otra cosa.
El Banco Mundial ha alertado sobre cómo el cambio climático será un factor que, en 2050, obligaría a más de 200 millones de personas a desplazarse de sus países y que en 2030 ya empezaríamos a ver las primeras migraciones internas. ¿Qué podemos hacer para prevenir estos escenarios, teniendo en cuenta que hablamos de efectos visibles en menos de 10 años?
La atención a las zonas más vulnerables. Eso es lo que hacen los impuestos: son instrumentos económicos de política pública que deben reforzar aquellas áreas del país que lo requieran. Por ejemplo, en México hay un programa que está tratando de que la gente regrese al campo, pero creo que no será suficientemente exitoso porque regresan a través de un subsidio económico y estarán mientras dure el subsidio, pero no les garantiza la permanencia y subsistencia.
Hay que ir a las universidades y los centros de investigación a desarrollar medidas de agricultura sustentable, programas de manejo de residuos y todo lo que tiene que ver con la actividad del hombre en torno a sus recursos. Mientras eso no suceda, la migración seguirá dándose porque la gente gana más en la ciudad que en el campo o las costas. Creo que esto, aunque no sea la solución total, sí debe ser lo principal de las políticas públicas eficientes: que realmente atiendan la problemática, pero de manera que la resuelvan, no que la mitiguen nada más.

